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La ¿inevitable? nacionalización de la banca europea

La ¿inevitable? nacionalización de la banca europea

@S. McCoy - 19/02/2009

Leí con notable interés las oscuras predicciones apuntadas el pasado lunes por nuestro viejo amigo Ambrose Evans-Pritchard en el Telegraph acerca del futuro de las economías de Europa del Este y el impacto de su potencial colapso sobre sus prestamistas occidentales. En un artículo muy en su línea de constrúyete un refugio a prueba de ataques financieros y no salgas de él hasta que las ranas críen pelo, el autor daba una serie de cifras escalofriantes que, desgraciadamente, ya habían sido anticipadas por Roubini, una vez más, con anterioridad. No le di más importancia abonados, como estamos, a los mensajes apocalípticos.

Sin embargo, la semana ha ido demostrando lo erróneo de mi percepción. Esta era la materia pendiente que quedaba por desarrollar a lo largo de estos siete días en forma de nuevas pérdidas para los inversores. Prueba de ello son las sendas portadas que, sobre la cuestión, llevaban ayer los dos principales medios de comunicación financieros del mundo: Wall Street Journal y Financial Times que, simplemente, se hacían eco de la compra que el mercado había hecho del argumentario del propio Evans-Pritchard, al tumbar la cotización de unos valores bancarios europeos que, como el ministro japonés de finanzas, transitan borrachos de riesgos de contrapartida y sin demasiado margen de maniobra salvo una intervención estatal que, ayayay, no es ilimitada.

Porque el discurso en los últimos días ha ido evolucionando desde el riesgo sistémico, esto es; para el sistema, derivado de la potencial caída de los distintos colosos financieros nacionales, a la viabilidad en sí en algunos países. No hay que olvidar que, y eso sí es irrefutable, los emergentes europeos se enfrentan en 2009 a vencimientos equivalentes a 400.000 millones de dólares o un tercio de su PIB regional (cifra que algunos autores reducen a la mitad en función del espectro considerado), pagos que se van a ver incapaces de acometer en su totalidad casi con toda seguridad. La pieza del Telegraph advierte del riesgo que de esta situación se deriva para naciones como Austria, con préstamos a la región equivalentes al 70% de su Producto Interior Bruto, o la propia Suiza que, sorpresa, sorpresa, para algunos analistas locales se encontraría al borde de la bancarrota, siendo ésta quizá la principal novedad del discurso.

No son las únicas. Irlanda, en un caso completamente distinto, ha visto cómo sus CDS o cobertura de riesgo país se han disparado a cerca de los 400 puntos básicos, frente a los diez de hace tan sólo un año, proceso que se ha acelerado a lo largo de los últimos diez días. La cuestión irlandesa ha provocado que, por primera vez desde el inicio de la crisis, las autoridades europeas se planteen, como posibilidad cierta, el potencial impago de uno de sus miembros, los mecanismos de auxilio que serían o no de aplicación al amparo de Maastricht y el impacto de un suceso como ése sobre el futuro de la Unión. Prueba de tal preocupación es el hecho de que se esté ya hablando de un rescate concertado, auspiciado por Alemania y Francia, lo que personalmente creo inviable en este momento, o de una intervención inevitable del FMI como único cauce de estabilización del territorio afectado. 

Si la amenaza de Europa del Este es real o no, ya empieza a ser lo de menos. Otro vendrá que bueno te hará. Es un factor más en el extenso sumatorio acumulado que salta de la esfera sectorial a la general. De hecho, el debate sobre la cuestión se ha trasladado a la esfera del pensamiento analítico tal y como recogen los distintos posts que ayer publicaba el siempre interesante FT Alphaville. Mientras que Garthwaite de Credit Suisse se apuntaba al bando del pesimismo y la cautela debido a la excesiva dependencia financiera exterior y la falta de cintura de sus economías, a la vez por cierto que aprovechaba para recordar que en términos de vulnerabilidad España sigue siendo el sexto país de mayor riesgo del mundo desarrollado o en vías de, los analistas de UBS enarbolaban la bandera de la prudencia y la mesura y tildan las afirmaciones de los arriba mencionados como exageradas. A su juicio, -en una exposición acompañada, como en el caso del estratega del otro banco suizo, por numerosos gráficos-, los problemas se concentran en economías menores, se circunscriben al ámbito regional y son susceptibles de solución de forma ordenada, si bien hay que reconocer que no niegan la mayor, es decir: la fragilidad de la región en su conjunto.

Lo relevante, llegados a este punto, dejan de ser las causas para centrarse en las consecuencias de todo lo que está pasando. Y lo cierto es que para la banca continental europea parece que no cabe una solución final muy distinta a la que ya han vivido, casi en su totalidad, las entidades financieras del mundo anglosajón: una completa nacionalización del sistema como única vía de supervivencia colectiva antes que tirar el dinero con parcheados parciales. Algo que se tendrá que hacer de modo inteligente ante la propia vulnerabilidad fiscal de los países que las amparan. Durante los últimos años, han puesto numerosos circos, tanto a nivel sectorial como geográfico, y los enanos ahora, con el Cola Cao del proceso de desapalancamiento, no dejan de crecer. Es la exposición a activos tóxicos, es el inmobiliario, son los emergentes en sus distintos emplazamientos, es su propio apalancamiento o ese propio fondo de comercio de adquisiciones que van a tener que amortizar contra pérdidas en su práctica totalidad, tal y como refleja este interesantísimo artículo de Daniel Gros, del Centre for European Policy Studies, en el propio WSJ.

Desgraciadamente el sector se ha convertido en ese toro sometido a sucesivos intentos de descabello que, aun conociendo con certeza su final, aguanta estoicamente de pie en medio de insufribles dolores provocando el rechazo incluso de los mejores aficionados. ¿No será mejor que entre todos aceleremos el proceso? El modelo sueco sigue siendo la solución, en cualquiera de sus versiones como la recogida por John Hussman en su carta semanal. La falta de una autoridad financiera común europea, el problema. Queda, no obstante, dicho.

Ya es jueves. Esta semana la astenia primaveral ha reducido notablemente mi capacidad lectora por lo que no habrá alimento para el alma. El cuerpo sigue, no obstante, requiriendo de sus cuidados diarios y aquí hay de todo como en botica. Experiencias sublimes: el Huevo con Trufa y el Arroz Meloso con Bogavante de Urrechu, en Pozuelo, lugar que mejora su calidad por días; la Pizza de Trufa Negra y la Panna Cota con la última trufa blanca de la temporada de Don Giovanni; sorprendente el mejor entrecot en mucho tiempo en Puerta Mar, también en la Avenida de Europa de Pozuelo. Mediocridad en el cacareado Enrich de La Moraleja donde pago 35 euros por dos anchoas, un pelín  de carpaccio de presa (muy rico, la verdad) y un jarrete cuya salsa mataba el sabor. Sin vino, ni postre y con un servicio exasperantemente lento que sólo tarda media hora de reloj en traer el segundo plato. Menos mal que avisamos al principio que íbamos con algo de prisa que si no... No le auguro un final feliz. Por último, un Arroz a Banda manifiestamente mejorable en... La Casa de Valencia. Toma ya. Si a eso le añades de entrante un sepionet notablemente terroso, el desastre queda completado. La semana que viene más y mejor.