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De Malthus a Malthus y tiro porque me toca


De Malthus a Malthus y tiro porque me toca

Por Juan Ramón Rallo

La semana pasada el profesor Cabrillo nos advertía sobre el regreso de una de las más peligrosas y fallidas teorías económicas: el subconsumismo. Básicamente, esta doctrina establece que la propensión a ahorrar de las diversas clases sociales, especialmente las adineradas, no generará un consumo suficiente como para dar salida a toda la producción de las empresas, que como consecuencia comenzarán a acumular stocks y a despedir a trabajadores.
No es mi intención detenerme a señalar las fallas y deficiencias de este razonamiento, hoy blandido en diferentes versiones por los keynesianos. Baste apuntar que, como decía Stuart Mill, la demanda de trabajadores no depende de la demanda de bienes de consumo; el subconsumismo deja fuera de su ecuación la esencial influencia del ahorro y la inversión en el sistema capitalista. Menos consumo no es más pobreza, sino al contrario: más inversión y más riqueza.
Lo que sí pretendo es desarrollar uno de los comentarios al margen que realiza el profesor Cabrillo: los mismos que hace años acusaban al capitalismo de promover un consumismo desbocado e insostenibleson ahora quienes lo acusan de generar un insuficiente consumo como para salir de la crisis. ¿Contradicción? No, conveniencia. Su finalidad en parte inconsciente siempre ha sido la de incrementar el poder del Estado: antes para que controlara el consumo –por ejemplo regulando la publicidad y sobre todo restringiera el uso de unos recursos naturales que iban a agotarse inminentemente–, ahora para que incremente el gasto público y fuerce aumentos salariales.
El cambio de ritmo no es casual. Existe una marcada correlación en la historia del pensamiento económico entre los períodos inflacionistas y el mileranismo ecologista y entre los períodos deflacionistas y las ideas subconsumistas. Al fin y al cabo, los malos economistas elaboran sus teorías de manera chapucera según por donde sople el viento contrario a la libertad y no tratando de comprender las esencias de la acción humana.
Probablemente el ejemplo más claro y esquizofrénico de esta correlación sea el de Thomas Malthus. El economista inglés ha pasado a la historia por su Ensayo sobre el Principio de la Población, escrito en 1798, donde pronosticaba que si la población crecía en términos geométricos y los recursos en aritméticos, pronto alcanzaríamos un estado de pobreza generalizado donde no dispondríamos de suficientes bienes de consumo para sobrevivir.
Menos conocido, sin embargo, es que Malthus escribió en 1819 susPrincipios de Economía Política, cuyo mensaje más importante fue que el progreso económico se veía obstruido... por el insuficiente consumo de la población. ¿Cómo era posible que los riesgos fueran simultáneamente consumir demasiado y hacerlo demasiado poco? El pasaje de Malthus en el que intenta justificar ante David Ricardo su cambio de postua deja en evidencia su desorientación y confusión:
Me parece que Ricardo ha caído en el mismo error en el que estuve a punto de caer yo cuando, después de haber demostrado que los poderes irrestrictos de la población iban mucho más allá de los de la tierra para producir comida incluso en las condiciones más favorables posibles, hubiese considerado que la población resultaba irrelevante a menos que llevara a la tierra al colapso. Pero dicho esto, la población podría ser superflua, y muy superflua, en relación con la demanda de recursos para el consumo pese a ser deficiente, y muy deficiente, con respecto a la capacidad de la tierra para producir recursos adicionales para el consumo.
No se trata tanto de que Malthus fuera víctima de distintos Zeitgeist, sino que cayó en la trampa de una pobre observación empírica que lo llevó a teorizar sobre la marcha. Al fin y al cabo, en 1797, un año antes de que Malthus publicara sus teorías sobre la población, el Banco de Inglaterra suspendió pagos debido a que el Gobierno inglés financió desde 1793 la guerra contra la Francia revolucionaria imprimiendo billetes. Dicho de otra manera, Malthus reflexionó sobre la carestía de recursos naturales en un período inflacionista, donde todos los precios subían y donde parecía que pronto nadie podría seguir comprando nada: desde 1793 a 1800 los precios aumentaron alrededor del 70%.
De la misma manera, Malthus publicó sus teorías subconsumistas en 1820, un año después de que el Banco de Inglaterra volviera a convertir sus billetes en oro a la antigua paridad, lo que acentuó la deflación que ya había comenzado en 1815-1816 con el fin de las guerras napoleónicas y el anuncio de que se restaurarían los pagos. En otras palabras, Malthus teorizó sobre la falta de consumo en un momento en el que los precios descendían y las mercancías se acumulaban en las estanterías de los tenderos: entre 1815 y 1820 los precios cayeron más de un 40% volviendo a su nivel original.
Pero para comprobar estas marcadas oscilaciones en el pensamiento económico no hace falta irse casi 200 años atrás. Pensemos simplemente en cuál era una de las máximas preocupaciones durante la última década: el agotamiento de los recursos naturales. Hace poco más de un año todos los precios de las materias primas alcanzaron máximos históricos y los agoreros de siempre ya estaban pronosticando desabastecimientos generalizados por el planeta. Ahora, cuando sus precios han caído alrededor de un 70%, parece que el agotamiento está lejano y se exige a los poderes públicos que estimulen unos niveles de consumo que antes tildaban de insostenibles.
Lo mismo puede señalarse sobre el precio de los pisos: si hace años se pedía al Estado que forzara reducciones de precios para lograr una vivienda asequible, ahora se le exige que adopte distintas medidas, como recomprar los inmuebles a promotores y bancos, para evitar caídas tan drásticas de los precios.
La explicación a estos giros de veleta es sencilla y ya la hemos adelantado con Malthus: la fase alcista del ciclo se caracteriza por que el sistema bancario, guiado por los bancos centrales, fomenta una expansión crediticia muy por encima del volumen de ahorros reales, proceso que genera una presión excesiva sobre los bienes presentes (todo el mundo compra a crédito mercancías no producidas, por lo que suben los precios); la fase contractiva, por el contrario, se define por que todo el mundo intenta amortizar sus deudas y no toma dinero prestado para consumir: nadie compra a crédito y por tanto se amontonan una gran cantidad de stocks en los almacenes que deben ser liquidados a bajos precios.
En apariencia, pues, el problema en las fases expansivas es la exhuberancia irracional (consumimos demasiado y terminaremos con el plantea) y en las fases contractivas la excesiva frugalidad (consumimos demasiado poco y arruinaremos a los empresarios). Y, por ello, los estatistas piden primero controles malthusianos y después estímulos keynesianos.
En definitiva, los efectos del ciclo económico que provocan los bancos centrales no se limitan a la enorme destrucción de riqueza que generan, sino también a la promoción de todo tipo de doctrinas acientíficas, liberticidas y pauperizadoras. Otra mancha en el historial de nuestro intervenido sistema financiero.
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Lo que los bancos centrales no quieren que sepa

Lo que los bancos centrales no quieren que sepa

Por Charles Philbrook

A principios de junio, el proyecto de ley HR 1207 del congresista republicano por Texas Ron Paul, por el cual se busca auditar los libros contables de la Reserva Federal, logró reunir las firmas de otros 218 congresistas ("co-patrocinadores"), que como mínimo se requiere para que el mismo pueda ser debatido y sometido a votación ante el Pleno del Congreso. ¿Informó de esto elWall Street Journal, el Financial Times, El País o el insalvablemente radicalizado Le Monde?

¿Están al tanto de que este proyecto, de ser aprobado en ambas cámaras, puede cambiar el curso de la historia económica de los Estados Unidos y, por extensión, del mundo?

La probabilidad de que meses atrás Ron Paul pudiera conseguir ese número de firmas era cero o casi cero. Hoy es 100%. ¿Cómo lo hizo? En realidad, si bien es cierto que su persistencia fue crucial, lo que hoy es un triunfo histórico no hubiera pasado de ser otro quijotesco sueño, esta vez el de un liberal estadounidense perdido en el Congreso, de no ser por la inesperada ayuda que le ha dado la evolución de los eventos en la política económica global.

Uno de éstos –en orden cronológico– es el hecho de que desde que la crisis económica se manifiesta, en la segunda mitad del 2007, la Reserva Federal ha creado una serie de programas de rescate para el sector financiero y ello ha llevado a que sus pasivos explícitos –"sobre el balance"– aumenten casi tres veces y a que aquéllos que son potenciales o implícitos –"fuera de balance"– lo hagan en más de diez veces (unos 9 billones de dólares, que equivale a un 70% del PIB estadounidense). Quienes desinformadamente afirman que la crisis está llegando a su fin, ignoran que el edificio financiero no ha colapsado porque una buena cantidad de columnas, o de programas creados por la Reserva Federal (sobre el balance), sirve de sustento a toda la estructura crediticia en la economía, y si éstas fuesen retiradas, todo se desmoronaría en un santiamén. ¿Adónde ha ido a parar todo ese dinero? ¿Cuáles fueron los términos bajo los cuales se concedieron estos recursos? No hace mucho, un miembro del Comité de Servicios Financieros del Congreso estadounidense, el demócrata Alan Grayson, le hizo éstas y otras preguntas a la inspectora general de la Reserva Federal, Elizabeth Coleman, y su respuesta a una y otra fue un "No sé, no sé, no recuerdo". Y que recuerde es lo que persigue este proyecto.

Podría uno pensar que esta falta de transparencia del banco central en sus asuntos monetarios es algo anatemizado en democracia, después de todo, ahí donde la luz no llega crecen las excrecencias fungosas que viven de las materias orgánicas en descomposición. En fin, el hecho es que esto no se materializaba en votos. Pero la falta de transparencia, de luz en la información contable, y unas declaraciones en mayo de este año del secretario del Tesoro, Tim Geithner, y otras de la canciller alemana, Angela Merkel, parecen haber sido más que suficiente para que la mayoría de los representantes en la Cámara Baja pongan su firma en este proyecto, la Ley de Transparencia de la Reserva Federal.

Las declaraciones de Geithner, en el programa de Charlie Rose de PBS, llevó a que el Wall Street Journal, en una noticia que tituló Geithner’s Revelation, empezara informando así: "La tierra se detuvo, el mar se abrió y un representante de la clase política estadounidense admitió, la semana pasada, que la Reserva Federal contribuyó a que se produjera el colapso financiero". Geithner, si uno lee todo el artículo, no sólo responsabilizaba por la crisis al banco central de Estados Unidos, sino a todos los bancos centrales del mundo. Textualmente, dice: "[L]a política monetaria en el mundo fue demasiado expansiva por demasiado tiempo. Y eso produjo un gran boom en el precio de los activos [financieros]".

Y si demasiado dinero por demasiado tiempo produjo la crisis, Geithner dixit, ¿a quién en su sano juicio se le puede ocurrir que más de lo mismo es la panacea a todos nuestros problemas financieros? Lo que nos conduce a un provocador discurso que Merkel dio semanas después en Berlín y que la revista BusinessWeekextracta magistralmente bajo el título Merkel da de latigazos a los bancos centrales. En él, entre otras cosas, lamenta que el Banco Central Europeo haya cedido a las presiones internacionales y haya empezado, al igual que su homólogo en Estados Unidos, a monetizar deuda privada, ya no sólo deuda pública, y, en un acto inusual en un jefe de Estado –criticar abiertamente, en público, a estos monopolistas del dinero, que tanto daño le han hecho a la economía global–, les pide que pongan fin a sus políticas monetarias no convencionales, de lo contrario, éstas terminarán haciendo "más daño que bien".

Merkel, Ron Paul y tantos otros entienden algo que el presidente estadounidense James Garfield comprendió hace más de cien años: "Quien controla el volumen del dinero es dueño absoluto de la industria y del comercio". Lo que era corroborado por Nathan Rothschild, uno de los fundadores de la dinastía bancaria que lleva su nombre, quien con todo desparpajo aseguraba que no importaba quien ocupe el trono inglés, ya que aquél que controla la emisión de dinero, somete al Imperio. "Y yo controlo esa emisión", revelaba. Sometamos a los Rothschild: auditemos a todos los bancos centrales. Llevemos la luz ahí donde no llega de una buena vez por todas. Que sea nuestro legado institucional a los que vienen detrás, quienes se merecen algo mejor a lo que nos dejaron quienes iban por delante.

© Cato Institute

Charles Philbrook es Director de Estudios Económicos, Datum Internacional, S.A

Ron Paul: La Reserva Federal es un Gobierno en sí misma (The Fed is a government unto itself)



Ron Paul

Ronald Ernest Paul
Ron Paul

Congresista de Estados Unidos
por el 14.° distrito de Texas
Actualmente en el cargo
Desde el 3 de enero de 1997
Precedido porGreg Laughlin

Congresista de Estados Unidos
por el 22.° distrito de Texas
3 de enero de 19793 de enero de 1985
Precedido porRobert Gammage
Sucedido porTom DeLay

3 de abril de 19763 de enero de 1977
Precedido porRobert R. Casey
Sucedido porRobert Gammage

Datos personales
Nacimiento20 de agosto de 1935 (74 años)
Bandera de los Estados Unidos Green Tree, Pennsylvania,Estados Unidos
PartidoRepublicano
CónyugeCarol Paul
HijosRonald "Ronnie" Paul, Jr.
Lori Paul Pyeatt
Randall "Rand" Paul
Robert Paul
Joy Paul-LeBlanc
ProfesiónMédico
ReligiónBautista
Sitio webRonPaul2008.com

Ronald Ernest Paul (n. Pittsburgh, PA, Estados Unidos de América, 20 de agosto de1935), es un médico y político del Partido Republicano de los Estados Unidos, representante por el décimo cuarto distrito de Texas en la Cámara de Representantesdel Congreso de los Estados Unidos, reside en Lake Jackson, ciudad del mismo estado. Es médico obstetra y ginecólogo, graduado en la Universidad de Duke, candidato presidencial por el Partido Libertario en 1988 y candidato a la nominación por parte delPartido Republicano en la elección presidencial 2008.

En el Congreso, Paul se ha adherido a la filosofía liberal libertaria basando sus posiciones en la Constitución y los derechos de los Estados. Durante las primarias del Partido Republicano y posterior a ellas, Paul, debido a su filosofía política sobre laslibertades constitucionales se convirtió en un fenómeno de Internet, siendo popular entre jóvenes tanto en la derecha como en la izquierda.1

Contenido

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Posiciones políticas [editar]

Ron Paul toma posturas en términos que él llama constitucionalista. Aboga por la libertad individual, el libre comercio, pocos impuestos y un gobierno limitado basado en una fuerte soberanía nacional y el no intervencionismo.2 3

Paul apoya una política exterior de no intervención y se opone a compromisos internacionales, hasta el punto de haber sugerido la salida de Estados Unidos de laOTAN y de la ONU. Cree que cuando se debe luchar una guerra, ésta debe ser luchada para proteger a los ciudadanos, ser declarada por el Congreso, combatida, ganada y luego salir. Es el único candidato republicano a la presidencia del 2008 que votó en contra de la Resolución de la Guerra de Iraq en el 2002 y en contra del USA PATRIOT Act.4

Paul aboga por el libre comercio; sin embargo, se ha opuesto a algunos tratados de libre comercio como el TLCAN y los promovidos por la OMC, entre otros, al no reconocerlos como de libre comercio al estar regulados por el gobierno u organizaciones internacionales; opina que éstos sirven a intereses especiales y a grandescorporaciones, no a los ciudadanos.

Como congresista, Paul jamás ha votado para aumentar impuestos o aprobar presupuestos no balanceados. También aboga por la abolición de la Agencia Tributaria Norteamericana (IRS, por sus siglas en inglés) y del impuesto federal de ingresos. Está a favor de convertir los servicios sanitarios de los EUA en un mercado libre, oponiéndose así a la socialización estatal del mismo.

Paul está en contra del aborto provocado, aunque sostiene que cada Estado de la Unión debe decidir permitirlo o negarlo, no el Estado federal. Cree que el gobierno federal no tiene derechos para definir el concepto de matrimonio y ha indicado que la intervención federal en esta cuestión es una “usurpación trascendental en el poder de los Estados”. Además, ha afirmado que no cree que deba haber ningún control federal sobre educación y que ésta debería ser administrada a nivel local y de cada estado.

Paul se ha declarado públicamente en contra de un sistema de identificación nacional (REAL ID Act) y ha votado en contra de cualquier forma de regulación de Internet. Además, se opone a la inmigración ilegal y a una amnistía para inmigrantes ilegales. Como respaldo al sistema monetario, apoya el regreso del patrón oro y la plata.

Teoría económica [editar]

Como seguidor de la Escuela austríaca de economía, Ron Paul a menudo hace referencias a Friedrich Hayek y Ludwig von Mises, además de colaborar con el Instituto Mises. Lleva años criticando la política de la Reserva Federal, vaticinando, basándose en la teoría austríaca del ciclo económico, la crisis del actual sistema económico y denunciando la pérdida de valor del dólar desde 1913.

Su participación en la comisión de política monetaria del congreso le llevó a debatir, en múltiples ocasiones, con los presidentes de la Reserva Federal, Alan Greenspan5 y Ben Bernanke.6 7

Su consejero economico en su campaña por la nominación republicana en las elecciones presidenciales de 2008 fue el economista Peter Schiff.

Popularidad [editar]

La popularidad a gran escala de Paul se construyó desde la nada en la campaña por la presidencia, a pesar de llevar más de veinte años postulando el mismo programa de gobierno. Su respaldo es un ejército de voluntarios que promueven la denominada “Ron Paul Revolution”, convirtiéndolo en el tercer personaje más citado en los motores de búsqueda de Internet y en foros políticos en inglés y español.

Además, el 5 de noviembre de 2007 los voluntarios de Ron Paul consiguieron el récord histórico de donaciones para un candidato, cuando 36.672 donantes únicos –de los que unos 20.000 donaban por vez primera- aportaron 4.2 millones de dólares en 24 horas, todo ello a través de una página web creada al efecto.8

Referencias [editar]

Véase también [editar]

Enlaces externos [editar]

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