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El miedo es libre o el camelo de la gripe porcina

El miedo es libre o el camelo de la gripe porcina

@S. McCoy - 29/04/2009

Les voy a decir una cosa, por políticamente incorrecta que parezca a día de hoy. A mí esto de la gripe porcina, que ni siquiera ya responde a tal epíteto, me parece un camelo de una hipocresía absoluta, qué le vamos a hacer. Con los datos actuales, catalogarla de pandemia resulta, además, de un atrevimiento insultante. Es verdad que los muertos se cuentan por centenares, de momento sólo en México, y resulta igualmente cierto que ha habido una extensión del virus a nivel planetario. Pero nos olvidamos muy pronto que en el planeta habitamos, millón arriba, millón abajo, cerca de 6.800.000.000 de ciudadanos, que aproximadamente el 40% resiste como puede con menos de un euro y medio al día -2.700 millones-, que unos 35.000 seres humanos mueren de hambre cada 24 horas, eso sí que es un drama olvidado que acaba con casi 13 millones de personas al año, y que incluso el 20% de la población española vive por debajo del umbral de la pobreza.

En esas circunstancias, lo extraño es que no tuviéramos una gripe bovina, porcina, ovina y aviar todos los días de diario y fiestas de guardar. Las condiciones de salubridad e higiene en las que se desenvuelven gran parte de los habitantes de la Tierra son, cuando menos, precarias. Su educación sanitaria ínfima y su acceso a la atención pública ilusoria. Este es el mundo en el que vivimos y ésta es la realidad que, como repite Carlos Alsina en su Brújula todos los días, no interesa a nadie. Estamos en una sociedad en la que lo que no se ve, no existe y donde el poder de una imagen es capaz de conmover conciencias y provocar estampidas. Es el caso que nos ocupa, con la red invadida de testimonios que parecen sacados de la Guerra de los Mundos y sobre los que no hay control alguno, ni siquiera en medios como la BBC. Merece la pena leer los comentarios. Se dice, se comenta, se rumorea…

¿Por qué las muertes sólo en México?, se preguntaba un diario de tirada nacional ayer al ver que en España a los afectados se les despacha en 48/72 horas para sus casas. La respuesta no admitía matices: falta de capacidad de diagnóstico, carencias alimenticias y déficit de cobertura sanitaria. Vaya, ya empezamos a enterarnos de qué va esto. Un problema particular que está por ver si se convierte en general y que se deriva de la falta de inversión previa en los mecanismos necesarios para evitarlo. El segundo apoyo de la misma información era brutal: se dispara el negocio de las vacunas y las mascarillas, decía. Como si fuera una novedad. Claro, no podía ser de otra manera: si algo razonablemente normal se convierte en excepcional y alcanza dimensión planetaria será porque a alguien le interesa, ¿no?  

Circulan por la web teorías conspiratorias para todos los gustos de las que no me voy a hacer eco (quizá la más interesante, como curiosidad, sea esta entrevista de radio en Estados Unidos, de 30 de marzo, en inglés, que anunciaba que esto iba a ocurrir) pero está claro que el efecto expansivo del miedo a una epidemia global tiene muchos e importantes beneficiados. Y es evidente que interesa que los potenciales amenazados pertenezcan a la sociedad desarrollada o en vías de desarrollo que es la que cuenta con recursos suficientes como para poder hacer frente económicamente a sus efectos, tanto en términos de prevención como de potencial curación. Uno paga y otro ingresa, matemáticas puras. Si bajan un  poquito la vista hacia el Sur y llegan hasta la Zimbawe deMugabe, e incluso la Argentina de Kirschner, verán que el cólera hace estragos entre sus ciudadanos. ¿Y? Pues eso. No money, no cry...

Es evidente que si la Historia ha puesto algo de manifiesto a lo largo de los siglos es que la naturaleza humana es extraordinariamente vulnerable a mutaciones de las enfermedades que le afectan y que periódicamente es objeto de virus que pueden llegar a causar millones de muertes. Ocurrió con la gripe española de 1918, la asiática de 1957 o la de Hong Kong de 1968. ¿Es el caso que nos ocupa? Sinceramente, lo dudo. Tampoco lo fue el SARS que contabilizó apenas 775 muertos oficiales de un total de 8.000 personas infectadas en 25 países en 2003. Eso sí, un coste para la región de Asia-Pacífico de 40.000 millones de dólares. Efecto, cuando menos, costoso. Alarma, quizá, exagerada. Miedo igual a paralización igual a colapso económico.

Como recogía recientemente un artículo de Reuters, citando a la Organización Mundial de la Salud (OMS), una pandemia parece inevitable más antes que después y se llevará por delante un 5% del P.I.B. mundial con una cantidad de muertes que superará los 70 millones de personas, cinco años completos de fallecidos por hambre. Desde luego nunca será "leve", como la actual que, insisto, a día de hoy ni lo es. Por supuesto, no sólo debemos estar preparados para su venida sino que se hace imprescindible el establecimiento de unos protocolos de actuación internacional para la temprana identificación, adecuado diagnóstico y tratamiento oportuno, incluidas áreas de aislamiento. Es un trabajo previo que no hay que descuidar. Dicho esto, y no por ello resulta menos grave, me resulta muy difícil contemplar esas cifras en las economías del primer mundo con su más o menos boyante Estado del Bienestar. Llegará la gripe X, la definitiva. Y, ¿saben qué?, se llevará por delante a los de siempre. A esos, precisamente, que no interesan a nadie.

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Los Diez Olvidos que condujeron a la Crisis

Los diez olvidos que condujeron a la crisis (I)

@S. McCoy - 27/04/2009


Este fin de semana he tenido la oportunidad de dar una charla a la segunda generación de varias de las grandes fortunas de España. Gente que está llamada a liderar, en primera persona, el cambio económico, social e incluso cultural que nuestro país necesita. De ahí que poder entrar en contacto con ellos haya sido para mí una experiencia realmente única. Palpar la realidad, aterrizar desde las alturas a los problemas cotidianos es algo que me obligo a hacer con la mayor frecuencia posible. Sólo se puede juzgar lo que se conoce.

Mi presentación, que estaré encantado de repetir en los foros oportunos, tiene por título Los Diez Olvidos que condujeron a la Crisis y su punto de partida es un hecho, a mi juicio, sustancial: junto con los bancos centrales, las instituciones financieras privadas, los reguladores, las agencias de rating y los políticos, todos y cada uno de nosotros somos corresponsables, por acción o por omisión, de lo que ahora está sucediendo. En distinta medida, claro está. Los fenómenos globales son la suma de una multitud de acciones individuales. Es indiscutible. De hecho, si no tomamos conciencia de nuestra cuota de responsabilidad, si no asumimos nuestra parte de culpa, cuando la Historia se repita, tarde lo que tarde en hacerlo, volveremos a caer en los mismos errores. No lo duden.

Los Diez Olvidos pretenden convertirse en una suerte de mantras que, puestos en el frontispicio de la acción empresarial, permitan reducir el margen de error en el futuro. Mi conferencia será el cuerpo esencial del Valor Añadido de hoy y de mañana. Una guía básica de actuaciones iluminadas por la perspectiva y el sentido común. Un compendio de obviedades insultantes a día de hoy pero que, paradójicamente, fueron denostadas por buena parte del universo inversor durante gran parte de la construcción de la burbuja que ahora ha estallado. Les dejo con la primera parte de ellas. Buena semana a todos.

1. Los ciclos existen. Han existido siempre y siempre existirán. Son consecuencia del propio mercado, de la convergencia de la oferta y de la demanda para fijar un precio de equilibrio. De Perogrullo. Bueno, no crean. Pongamos como ejemplo el inmobiliario español. Producía más casas que toda Europa junta, hasta 800.000 anuales (cuando el último dato de Estados Unidos de la semana pasada es de 356.000). Algunos creyeron que el ciclo había muerto. Apostaron por ello. Aventuraban una demanda ilimitada para la que establecieron una oferta abundante pero… cada vez más cara. El resultado ya lo conocemos. Sólo si no hay mercado, por ser el activo negociado inexistente o ilimitado en ambos lados de la ecuación, oferta y demanda, podríamos afirmar la muerte de los ciclos.

2. Sólo se justifica un nuevo paradigma cuando hay una razón tecnológica. Un cambio que incide sobre la configuración misma de la sociedad, que deja de reconocerse en su estado anterior. Ha ocurrido a lo largo de la Historia con el fuego, la rueda, el vapor, la electricidad, los combustibles fósiles e Internet, por poner sólo unos ejemplos. Nunca es resultado de procesos de oferta y demanda, como ocurría con los ciclos, sino causa de los cambios que en ellos se producen. Este comentario viene al hilo de la creencia anterior al estallido de la crisis de que estábamos a punto de tocar el cielo gracias a un término ahora olvidado: el Goldilocks, la era dorada del crecimiento sin inflación.

Sin embargo, su origen, por hacerlo reduccionista, era evidente: China se incorpora al mercado mundial y ofrece producción barata y dinero abundante para financiar la propia demanda de sus productos en Estados Unidos, lo que ayudó a mantener los tipos norteamericanos artificialmente bajos. Simultáneamente se convierte en el mayor demandante mundial de materias primas. Al final, las compras chinas disparan el precio de los combustibles fósiles, lo que a su vez incide en el poder de compra de los estadounidenses que dejan de adquirir productos del gigante asiático. Y, crédito aparte y sé, por favor no sean crueles, que es una versión muy simplificada, catacrock. Adiós al Goldilocks

3. El dinero cuesta, aunque parezca que te lo regalen. Cuantas veces no habré oído en estos últimos meses a empresarios comentando que los bancos hacían cola delante de sus oficinas para darle crédito y que parecía del género idiota no cogerlo. Bueno, ha quedado demostrado en muchos casos, y perdón porque sea tan directo, que lo idiota ha sido precisamente cogerlo. Era tan fácil como decir No. El dinero, como activo sujeto a las leyes de la oferta y la demanda, tiene un precio de equilibrio que varía con el tiempo; con las garantías que cubren las posiciones deudoras existe exactamente lo mismo. No hay que olvidar que, por definición, un banquero es aquél que te regala un paraguas cuando no lo necesitas y te lo quita cuando empieza a llover, como ha quedado demostrado. Desde luego, si el dinero era un regalo, venía envenenado.

4. El crédito es también un activo, cuando se utiliza como tal. Es evidente que esta afirmación es completamente contraintuitiva, pero voy a tratar de explicar qué quiero decir. A lo largo de los últimos meses gran parte de las inversiones que se hacían, y del éxito del que disfrutaban, tenían una justificación común: la utilización de fuentes de financiación ajena. Uno invertía en un activo (inmobiliario, hedge fund, private equity) a sabiendas que parte de la rentabilidad del mismo lo determinaba el crédito asociado al mismo, el apalancamiento.

Pues bien, como fuente potencial de riqueza, el crédito se había convertido así en un activo más que se incorporó de modo invisible a nuestra cartera. Y si hay un elemento común que es parte consustancial de los demás, su liquidación provocará igualmente la caída del conjunto de los activos a los que afecta. De ahí que, al desaparecer el crédito, factor común, la correlación a la baja haya sido máxima, cercana a 1, entre unos bienes financieros y otros y de ahí, igualmente, que muchos de los procesos de planificación familiar, basados en stress test con datos históricos, hayan fracasado al no incorporar el crédito en sus modelos. Es precisamente el crédito el que ha hecho que lo posible pero altamente improbable se haya materializado, Tesis del Cisne Negro, y que lo haya hecho de forma colectiva y simultánea.

Hasta aquí por hoy. Mañana los Seis Olvidos restantes. Sean buenos y temerosos de Dios.


Publicamos ayer la primera parte de la charla que tuve ocasión de dar este fin de semana a la segunda generación de algunas de las empresas familiares más importantes de este país. Su título, Los Diez Olvidos que condujeron a la Crisis actual. El post generó no poco debate en el foro entre los lectores más avezados que, o bien ampliaban la responsabilidad más allá del ámbito privado de decisión hacia otros actores como los reguladores, los bancos centrales o las instituciones financieras, afirmación con la que no puedo estar más de acuerdo y que fue la primera parte de mi presentación del sábado, aquí omitida, o bien acudían a distintas teorías, fundamentalmente monetarias, para justificar el origen de lo que nos está pasando hoy día.

Bueno, como traté de aclarar ayer en el mismo foro, en el que excepcionalmente participé toda vez que estaba en la cama con un trancazo de no te menees, dos son las condiciones preliminares con las que hay que enfrentarse a esta ponencia. Primero, la audiencia a la que se dirige. No tenía sentido hablar del mar y las flores y discutir sobre teorías económicas y financieras complejas. Creí más útil aterrizar en aquellas obviedades, que se derivan del sentido común y de la toma de un poco de perspectiva, que en un momento dado pudieron olvidar en el desempeño corriente de su actividad, con las consecuentes pérdidas patrimoniales para sus compañías.

En segundo lugar, cada uno de los mantras, como los bautizaba ayer, admite muchos más matices de los que en el texto aparecen reflejados. Por supuesto. Lo único que perseguían, y persiguen, es dar una serie de ideas básicas de recuerdo permanente que permitan a los oyentes allí presentes, y a los lectores del mundo empresarial o financiero que hoy me acompañan, mejorar su toma futura de decisiones y minorar el margen de error que se deriva de las mismas. Eso implica reconocer su cuota individual de responsabilidad en un proceso que tiene una premisa básica: la humildad como elemento antagónico a la soberbia. Y les puedo asegurar que lo que más me impresionó del tiempo que pasé con algunos de estos jóvenes fue precisamente el reconocimiento por su parte de la cura de humildad que la crisis había supuesto, tanto a nivel individual como colectivo.

No me enrollo más. Espero sinceramente que el post de hoy les pueda ser de utilidad y que genere el debate sano y cordial que siempre preside Valor Añadido, blog que ustedes hacen grande con sus aportaciones. Uno, los ciclos existen; dos, los nuevos paradigmas son el resultado de procesos tecnológicos; tres, el dinero cuesta aunque lo regalen; y cuatro, el crédito es un activo a tener en cuenta... cuando se utiliza como tal. Aquí van los restantes. Mañana más y mejor.

5. Los activos ilíquidos por naturaleza antes o después volverán a serlo. Esto tiene a su vez dos derivadas. Una, la necesidad de mantener un flujo de liquidez suficiente como para hacer frente a las contingencias corrientes en el punto medio del ciclo económico y de crédito, esto es: tener garantía de que se puede hacer frente a los compromisos de pago. Dos, la obligación de hacer la asignación entre activos líquidos e ilíquidos en función de su verdadera naturaleza y no de circunstancias excepcionales del mercado que afectan a su liquidez. Se entiende con un ejemplo. Empresario en España. Sicavs, varios inmuebles prime. Lo apalanca todo para constituir una SCR y beneficiarse del trato fiscal del vehículo y de sus inversiones. Por ley, obligación de invertir en tres años. Año y medio después, estalla la crisis. Está muerto. Mucho servicio de la deuda a corto y liquidez cero: los mercados tradicionalmente ilíquidos, inmuebles y empresas, recuperan su condición. ¿Y ahora? Por mucho que Michael Jackson se empeñe en ser blanco, siempre será negro.

6. El mercado es soberano. Primera parte del es importante ser listo pero dramático creerse el más listo. Uno no puede creerse nunca por encima del sistema o del mercado. Muchas fortunas construidas a lo largo de muchos años se han disuelto como un azucarillo precisamente por saltar esa barrera. Como ha ocurrido igualmente en el orbe político con casos paradigmáticos como el del ahora televisivo Mario Conde. Los mayores éxitos empresariales se derivan de la capacidad de interpretar el entorno y aprovecharse de él para obtener un beneficio, no de tratar de obviar las normas que gobiernan el mercado, entre otras, y por eso era el primer mantra de mi presentación, la existencia de los ciclos a la que hicimos referencia ayer. No hace falta que dé nombres en el inmobiliario español…

7. Hay que reflexionar sobre los fracasos, pero también sobre los éxitos. Segunda parte del es importante ser listo pero dramático creerse el más listo. Es fundamental reflexionar acerca de las causas que han provocado un contratiempo con objeto de aprender de ellas y no repetirlas en el futuro. Pero también resulta esencial hacerlo sobre las razones que se encuentran detrás de los éxitos y hacer un juicio crítico que permita incorporar la coyuntura o el factor suerte. La burbuja ha provocado que mucha mediocridad se envolviera en las frágiles vestimentas del talento. El inteligente es quien aprende de lo malo y de lo bueno. Si a Sacyr no le hubiera salido bien la Operación BBVA, ¿hubiera entrado en Repsol? Si uno se cree, sin motivación justificada, el más listo, lo normal es que baje la guardia y sufra un golpe definitivo. A los hechos me remito.

8. Mucho más importante que saber comprar es saber vender que es, en definitiva, donde queda plasmada la rentabilidad final obtenida de una inversión. No me estoy refiriendo únicamente a la operativa bursátil y a sus dos máximas clásicas de que el último duro que lo gane otro o la obligatoriedad de establecer stop losses para limitar la pérdida. Saber vender implica una reflexión previa, que es para qué compro: motivos fiscales, especulación o estrategia. Tendré que tomar mi decisión en función de ese punto de partida. Muchas inversiones que eran teóricamente a largo plazo, al final han resultado tener un carácter meramente financiero, simplemente porque su presupuesto inicial era erróneo: si no se puede mantener cuando cambien las circunstancias del mercado, entonces toda apuesta es especulativa.

Saber vender supone igualmente tener flexibilidad ante ese cambio de circunstancias del mercado, aprovecharse de sus ineficiencias, como el exceso de liquidez que hace líquidos bienes en esencia ilíquidos, o los sentimientos de avaricia y pánico que, en ocasiones, le gobiernan para vender o comprar. La capacidad de tomar ventaja de esas oportunidades ha de estar siempre presente. Sentarse ante tales distorsiones y esperar suele ser el preludio de tiempos peores. Sacyr llegó a cotizar a 53 y ya ven. ¿Dónde estaban entonces Torreal, Unicaja, Mutua Madrileña?

9. La acción colectiva es la suma del resultado de las acciones individuales o, mejor dicho, el beneficio individual sólo crea valor si contribuye al bien colectivo. Si todos miramos por lo nuestro, el sistema se colapsa. Este mantra tiene dos implicaciones: la primera es vertical. Las acciones a corto tienen unas consecuencias a largo que han de ser tenidas en cuenta. No pueden ser pan para hoy y hambre para mañana. Se ve en la política en casos tan graves como la educación. O en la actuación como bomberos de los bancos centrales alimentando sucesivas burbujas. El futuro se alimenta con la experiencia del pasado pero se construye en el presente. Y si nuestras decisiones no contribuyen a su mejora de la sociedad, su deterioro nos arrastrará a nosotros con él.

Pero también tiene un efecto horizontal y es que nuestras decisiones hoy inciden en el conjunto de la sociedad: es el equilibrio entre maximización del beneficio y bienestar social el que garantiza la supervivencia común. De lo contrario, como hemos comprobado, el caos aparece a la vuelta de la esquina. El empresario de verdad es el que persigue el cambio a mejor del conjunto de la sociedad obteniendo un beneficio para sí mismo porque sólo así su vocación de permanencia en el tiempo se cumple. De lo contrario, la muerte económica o social será igualmente su propia muerte.

10. El dinero no puede quitar el sueño. Referencia ineludible toda vez que uno de los convocantes era una institución de banca privada internacional. Este apartado, a su vez, tiene dos elementos. El primero, que se me pasó comentarlo en mi exposición, no deliberadamente se lo aseguro, es que no hay que invertir en lo que no se entiende. La labor de los asesores no tiene que pasar por encima de la propia comprensión de la esencia de lo que se pretende adquirir. Se trata de una facultad indelegable que permite evitar las sorpresas y aprender de la asunción de las propias responsabilidades que nace del conocimiento. Simplificar lo complicado y, si no se puede, fuera. No complicar lo sencillo.

Una maldad irresistible para terminar, sí expuesta entonces. La banca es en esencia insolvente. De hecho está en la naturaleza de su propio negocio el serlo. Su margen de intermediación lo obtiene pidiendo dinero prestado a corto, cuentas corrientes o depósitos, financiación ajena aparte, y prestándolo a largo. Es la desconexión entre la exigibilidad inmediata de lo depositado y la falta de ejecutividad automática de lo prestado lo que determina que sea insolvente en el sentido de no poder hacer frente a sus pagos si todos sus clientes exigen su dinero a la vez. La insolvencia-liquidez es consustancial al sistema financiero. Hay que ponerla en contraste con la solvencia-recursos propios. Pues bien, merece la pena vigilar dónde tenemos depositado nuestro dinero porque cuesta tanto ganarlo que tiene que ser nuestra última fuente de preocupación. La rentabilidad tiene una premisa básica que es la seguridad. Nunca lo olviden

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Paro: ¿susto o muerte? - cotizalia.com

Paro: ¿susto o muerte? - cotizalia.com

El dato de paro que el Instituto Nacional de Estadística ha dado a conocer a través de la Encuesta de Población Activa es demoledor. No por mucho anticipado por algunos pierde un ápice de su dramatismo. El desempleo se dispara hasta el 17,36% y supera los cuatro millones de parados, 802.800 más que en diciembre. Una cifra que no crece por la parte del denominador -más gente en edad de trabajar y dispuesta a hacerlo- que apenas se incrementa en un 0,15% en los últimos tres meses respecto a cierre de 2008 -36.800 personas-, sino por destrucción pura y dura de puestos de trabajo: un 3,85% en el mismo periodo ó 766.000 de los residentes en nuestro país, para completar un total de 1.311.500 en base interanual. El 58% de la amortización de puestos de trabajo en España de marzo del año pasado a aquí se ha materializado entre enero y el mismo mes de 2009. Menos mal que la recuperación estaba a la vuelta de la esquina que si no…

Mucha fanfarria, pocos resultados reales.

Y mientras el Gobierno a las patatas que, o no se entera, o no se quiere enterar. No se puede confiar la solución del problema más importante de nuestro país a lo que pueda derivarse de unas cumbres internacionales que sientan postulados genéricos pero que no resuelven las penurias individuales de cada nación. Y menos cuando la falta de competitividad de nuestra economía impide que nos podamos enganchar al carro de la recuperación global, cuando ésta se produzca, al mismo ritmo de otros Estados más preparados para luchar en el entorno global. Podemos seguir Esperando a que llegue Godot, o Sarkozy, o Obama, que tanto monta, monta tanto, con sus recetas bajo el brazo. Esperemos, esperemos. Les digo un secreto: hoy no llega pero mañana, seguro que sí.

Es absolutamente injustificable que el Plan Estrella de nuestro ejecutivo para luchar contra el desempleo sea un compendio de obritas menores de finalidad diversa -que no responden a un objetivo establecido con antelación-, vigencia temporal parca e impacto limitado sobre la creación de puestos de trabajo. A los hechos me remito. +50.000 contra -750.000 de momento, que no está mal. Como es igualmente censurable que su gestión se haya encomendado al ente administrativo más ineficaz y corrupto, salvo contadas excepciones, del orbe español: los Ayuntamientos. Eso sí, la adjudicación y ejecución de infraestructuras, que generan valor añadido y mejoran el mercado interior y, por ende, la posición competitiva de nuestra economía, minoradas de facto frente al año anterior. Im-presionante. Claro, como los frutos son a largo plazo y hay elecciones cada cuatro años… Luego se quejan de los banqueros. País que diría Forges.

Tampoco se entiende demasiado bien la fanfarria con la que el gobierno ha acogido la noticia de que el futuro Q3 se fabricará en Martorell, impidiendo un ERE que iba a afectar a 1.500 trabajadores de la plantilla. Hombre, con 100 millones de euros debajo del bolsillo de subvención pública es más fácil para el equipo directivo asegurar la continuidad de la sede, ¿no creen? Una cantidad que compensa el diferencial de coste laboral entre un coche producido en la fábrica española y en la de Bratislava pero que no resuelve el problema principal: el desembolso por cada hora de trabajo en España se acercaba a los 20 euros a cierre de 2007, mientras que en Eslovaquia apenas superaba los 6 . O se resuelve ese diferencial mediante especialización, mejora del proceso productivo o ajuste salarial o estamos ante una nueva Delphi en potencia en breve plazo, mal que nos pese. Siento ser aguafiestas.

Implicaciones de alcance que exigen reacción.

Las consecuencias que se derivan de la existencia de cuatro millones de parados en nuestro pais, y del ritmo acelerado al que dicha cifra se incrementa, mes a mes, trimestre a trimestre, son absolutamente demoledoras. Pero encierran algunas claves que deberían permitir al observador avezado, si es queda alguno por las altas esferas, tomar ventaja de ellas para tratar de corregir parte de los desequilibrios que hoy nos afectan:

1.     España un gran creador de empleo en tiempos de bonanza y uno de los mayores destructores cuando la crisis vuelve la esquina. Eso sólo se justifica por un modelo productivo de bajo valor añadido, extraordinariamente sensible a la demanda. No es de extrañar que gran parte de la contracción en el mercado de trabajo se haya producido en la construcción, y parte de su industria auxiliar, y en los servicios. Las reformas estructurales para ganar competitividad y productividad son indispensables. Es urgente encuadrar todos los planes hasta ahora pergeñados en un marco general que persiga tal finalidad. La llegada de Salgado se convierte prácticamente en la última oportunidad para hacerlo. El compromiso de gasto que se ha producido hasta ahora, parcialmente pendiente de utilizar, limita el margen de actuación.

2.     Eso no significa que la flexibilidad laboral en España sea alta. Flexibilidad no es sinónimo de destrucción. Al contrario, supone establecer las condiciones que permitan preservar el empleo en tiempos de incertidumbre y minimizar, en la medida de lo posible, el paro estructural. Flexibilidad es unificación de contratos, agilización de la justicia laboral, rebaja de las cotizaciones de la Seguridad Social, prestación orientada a la formación… Terminar con la figura de Papá Estado que consiente la vida subsidiada de una parte de la población, especialmente en algunas regiones.

3.     Mientras se destruya empleo a este ritmo, que nadie espere una mejora de la demanda interna. Algunos analistas apuntaban, de la mano de la recuperación bursátil, que podía haber una vuelta en forma de V en la economía española. Servidor albergaba pocas dudas de que no iba a ser así pero estas cifras anulan definitivamente tal posibilidad.  El consumo se frena, con él la inversión privada, aumenta el papel del Estado en la economía y se corrige, por la vía de las importaciones, el déficit por cuenta corriente español. Desgraciadamente se han cumplido los peores augurios: el problema de financiación de España, sin política monetaria ni de tipo de cambio, sólo se podía resolver por este doloroso camino. Tendremos, en el mejor de los casos, una U prolongada. No habrá alegrías hasta, al menos, Londres 2012.

4.     Los bancos van a limitar aún más la actividad crediticia. Qué se le va a hacer. Esta está condicionada a dos elementos: el valor de la garantía, incierta en la mayoría de las ocasiones, especialmente en el inmobiliario, y la capacidad de repago del acreditado. Y cuando la renta disponible hoy no se sabe si va a estar mañana, complicado. Obviamente olvídense de cualquier tipo de financiación sin colateral. El endurecimiento de los estándares de crédito tendrá un efecto adicional de presión sobre el precio de la propia vivienda y sobre la capacidad adquisitiva de los ciudadanos (menores tipos, más margen, mayor aportación).

5.     Cerca de uno de cada tres extranjeros legales en España se encuentran en paro, un 25% de la cifra total de desempleados, más de un millón de personas. De los datos de la EPA se desprende que hay otro millón de ciudadanos foráneos en edad de trabajar que ni están ni se les espera en el mercado laboral. Dos millones sobre un censo total de 38 a los que hay que añadir jubilados, los menos, y, sobre todo, menores de 16 años. Un tema a vigilar muy de cerca por los problemas de competencia laboral, seguridad ciudadana y potencial xenofobia que pueden llevar aparejados. Nuestro país, pese a la ausencia de choque cultural, fundamentalmente lingüístico, con gran parte de sus inmigrantes, no tiene por qué ser ajena a los conflictos que han existido en naciones vecinas a las nuestras. Más vale prevenir que curar.

6.     El debate sobre el Estado del Bienestar se convierte, en virtud de las prestaciones que el desempleo lleva aparejadas, en inaplazable. Es momento de abordar la cuestión sin alarmismo pero con realismo. No es momento de impulsar políticas de protección indiscriminada que generan gasto corriente recurrente en el tiempo, sino de establecer fórmulas que permitan asegurar la viabilidad del sistema a medio plazo que han de pasar, necesariamente, por el fomento de la natalidad y el retraso voluntario de la edad de jubilación, el estímulo de los planes privados de pensiones, la privatización bajo tutela pública de parte de los servicios dependientes de la Seguridad Social, el incentivo a la búsqueda de empleo y similares.

Si no fuera por la cantidad de historias personales que hay detrás, podría decirse como en el famoso chiste. Llega el INE al Gobierno y le dice: susto o muerte. Susto. Pues... ¡¡¡cuatro millones de parados!!!. ¡Qué susto, casi prefiero la muerte! Pues eso. No hay ejecutivo que aguante este ritmo de parados, por más que la última remodelación pretenda mantener las filas prietas, amigos para siempre will you always be my friend. Se acabó la hora de contentar a todo el mundo. La gestión de recursos escasos exige saber decir No en aras de la eficiencia. Y eso hay que dejarlo en manos de profesionales. No es momento de políticas de izquierda, como afirma el Zapatero, que hagan más larga la travesía en el desierto, sino de medidas adecuadas para reflotar España cuanto antes. De aunar y no dividir; de matar la ideología. Nos jugamos demasiado: la mayor o menor prolongación en el tiempo de la incertidumbre futura. Pero parece que el Presidente, entre el susto y la muerte, sigue empeñado en apostar por la Señora de la Guadaña. El problema es que, como no puede ser de otra manera, se lleve el país tras de él. 

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La caída de los templarios y el quantitative easing

El 19 de Marzo de 1314 Jacques de Molay, último maestre general de los templarios, fue quemado vivo en una hoguera levantada a unos cientos de metros frente a Nôtre Dame, en un extremos de L’île de la Cité, justo debajo del actual Pont Neuf, (que a pesar de su nombre es el más antiguo de París). Siete años antes, en 1307, la mayoría de los templarios franceses fueron arrestados en una operación policial sin precedentes, y sus bienes apresados por el Rey Felipe IV. Pronto, otros monarcas europeos siguieron el ejemplo, y en 1312 el Papa Clemente V, sometido a fuertes presiones, aceptó suprimir la Orden. ¿Qué había ocurrido para que la orden militar más poderosa de la cristiandad fuese desmantelada por los poderes fácticos en cuestión de cinco años? Les sorprendería saber que el quantitative easing (en cristiano “máquina de imprimir”)  emprendido por Francia desde 1290 tuvo mucho que ver en tan fatídico desenlace. Veamos.

Felipe IV llega al poder en 1285, y pronto emprende una agresiva política exterior que se traduce en continuas guerras, que no pueden ser sostenidas por los ingresos públicos. Para solucionar este problema, el Rey comienza a reacuñar la moneda eliminando un porcentaje de plata y añadiendo vellón. Estos ingresos extraordinarios de la plata que se extraía de cada moneda en las cecas reales hicieron frente durante más de 15 años a los gastos bélicos. El coste económico fue enorme: al distribuirse la moneda debilitada (que la gente llamaba “falsa”) los precios se dispararon, la plata y el oro pronto desaparecieron de la circulación, y los franceses sabiamente escondieron las monedas fuertes para evitar que les fueran sustituidas por las nuevas monedas débiles. Se cumplió así la ley de Gesham por la cual la moneda débil desplazaba a la fuerte. 

Esta situación provocó una parálisis general en el reino, ya que desaparecía el numerario para realizar transacciones, y poco a poco la economía, incursa en una importante contracción, volvió al trueque. En su desesperación ante la falta de dinero, el Rey no sólo prohibió con la pena capital toda exportación de metal precioso, sino que además ordenó a los funcionarios llevar a las cecas todas las vasijas de plata que encontrasen, para así poder emitir moneda. Sin embargo, como la historia ha demostrado a lo largo de los siglos, el poder político poco puede hacer frente a las leyes económicas cuando se ha jugado con el valor de la moneda. El caso es que la plata siguió desapareciendo, y los precios disparándose. Como consecuencia, el valor de la libra tornesa (la moneda de referencia en Francia en el siglo XIII) se hundió en los mercados internacionales frente a monedas más fuertes como la libra esterlina inglesa, y por supuesto frente al precio de los metales preciosos (oro y plata) que se disparó en términos de la moneda francesa.

Pronto el Rey buscó fuentes alternativas de efectivo, para hacer frente al caos que había creado. En 1292 los comerciantes lombardos fueron arrestados, y sus bienes apresados. Sólo obtuvieron su libertad tras “comprar” bajo coacción la nacionalidad francesa. Como los gastos bélicos siguieron superando con creces los ingresos, se tuvo que acelerar el programa de debilitamiento de la moneda.

Una situación fuerte de inflación beneficia al endeudado (campesinos y la Corona), a costa de los prestatarios (aristocracia y clero), que veían con horror cómo sus préstamos a favor, otorgados en moneda fuerte, eran devueltos en moneda débil. La situación se hizo insostenible, y los obispos y la alta nobleza enviaron un ultimátum a Felipe IV para que pusiera fin al caos monetario. Como por fin las armas francesas se habían impuesto al enemigo flamenco en 1305, el Rey decidió que había llegado el momento para reorganizar la situación. Para eso hacía falta volver a la “buena moneda” y ese paso exigía encontrar ingentes cantidades de plata.

En 1306 los judíos fueron arrestados, sus bienes confiscados, y se decretó una orden de expulsión. La moneda francesa siguió depreciándose, lo que muestra que el efectivo capturado a los judíos no fue suficiente para reacuñar la moneda fuerte. La suerte de los templarios estaba sellada. El año siguiente a su captura Francia volvió a emitir moneda fuerte, lo que nos da una pista sobre qué ocurrió con el famoso tesoro de los templarios.

Tenemos por tanto una situación de déficit público desbocado, escasez de liquidez acuciante, creación de dinero sin valor, precio del oro y de la plata disparado frente a la moneda en curso ¿les suena? Al final hay que pagar tantos excesos. En la época de Felipe IV pagaron lombardos, judíos y templarios. ¿Y hoy? ¿A quién quemarán en las hogueras mediáticas nuestros políticos para buscar un culpable al caos que han contribuido a crear?

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