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Santa China del Rescate, ruega por nosotros

Santa China del Rescate, ruega por nosotros

@S. McCoy - 07/03/2009

Una de las características que hace esta crisis diferente de cualquiera que se haya producido con anterioridad, incluida la Gran Depresión, es la importancia tanto cualitativa como cuantitativa de los actores en ella involucrados. Cabría afirmar que se trata de la primera coyuntura de este tipo verdaderamente global, África aparte, toda vez que incluye como novedad a los más de dos mil millones de habitantes de los gigantes India y China. Precisamente por ello, igual que estamos viendo efectos indeseados que son consecuencia inevitable de esta multilateralidad de las relaciones comerciales y financieras, podemos encontrarnos en un momento dado con aristas que ahora se nos escapan y que sean las que rescaten a la humanidad del pozo económico sin fondo en el que ahora parece hallarse. Si se produce, será algo impredecible que provocará que muchos de los que analizamos con mayor o menor acierto la situación actual quedemos fuera de juego y perdamos gran parte de nuestro crédito. Bienvenido sea si es por el bien de todos.

Si tratáramos de hacer un vacuo ejercicio de adivinación, podríamos llegar a una doble e inmediata conclusión. Primero, la solución final que se imponga tardará en ganarse camino, visto el hedor que desprende la podredumbre del sistema actual. La V está descartada y la U, si no llega a convertirse en L (caída sin recuperación, esto es: depresión), tendrá una panza prolongada. Tanto, al menos, cuanto dure el proceso de desapalancamiento de la economía que es condición imprescindible para que las aguas vuelvan a su cauce. Segundo, ese factor sorpresa ha de tener, necesariamente, envergadura y fuerza de arrastre suficientes como para reconducir las debilitadas circunstancias que ahora nos presiden. Como en su día ocurriera con la Segunda Guerra Mundial. Desde ese punto de vista, las alternativas son pocas. De hecho se limitan a dos, siempre que pensemos que se ha de producir el triunfo final de lo evidente, complacencia intelectual que me resisto a compartir: Obama y su Plan y China. Ha sido esta semana cuando la incertidumbre acerca de la eficacia del primero ha provocado que los ojos de la comunidad financiera se hayan posado en la segunda. Únicamente para descubrir que el riesgo de fracaso es el mismo, sólo que con un tinte algo más exótico. El miedo ha vuelto a apoderarse del Planeta.

Santa China del Rescate, ora pro nobis.

¿Cuál es la situación real del gigante asiático? La sombra de duda que siempre ha planeado sobre las estadísticas oficiales hace que el abanico de opiniones esté presidido más por la subjetividad de las interpretaciones que por la certeza objetiva que se deriva de datos ciertos. Para el estratega de Credit Suisse,Andrew Garthwaite, “China está llamada a sacar al mundo de la recesión”. La frase lapidaria es de esta misma semana y la fundamenta en las ventajas de las que, a su juicio, disfruta el país: economía dirigida estatalmente, con capacidad directa de intervención sobre el sistema financiero; banca aparentemente sólida; pluralidad de resortes de actuación (deuda, superávit comercial y reservas equivalentes al 18%, 9% y 45% del PIB respectivamente y déficit fiscal a cierre de 2008 por debajo del 0,5%); menor dependencia exterior de lo estimado por los analistas (50% del PIB con sólo un 17% destinado a Europa y Estados Unidos); posibilidad de rebote económico en el primer trimestre de 2009 tras los desastrosos datos del cierre de 2008, que escondía ausencia total de crecimiento, realidad que estaría anticipando la subida superior al 20% de la bolsa china en lo que va de ejercicio.

Gran parte de las esperanzas sobre China se derivan del Plan de Actuación Pública aprobado el pasado mes de noviembre y que equivale a un 20% de su Producto Interior Bruto. Persigue mantener una tasa de aumento de la riqueza nacional del 8% anual que es el nivel a partir del cual su economía no destruye empleo. Con él sus dirigentes buscan, por encima de todo, la estabilidad social, a través del aumento de la demanda interna en un entorno de menor comercio exterior. Estructurado alrededor de 10 grandes iniciativas, aportaría al PIB nacional entre un 2% y un 3% en el periodo 2009-2010, si nos atenemos a lo afirmado por los analistas de Citigroup que toman como referencia una tercera parte de su importe ya que los dos tercios restantes eran partidas presupuestadas con anticipación. Su efecto vendría reforzado por medidas de política monetaria que habrían provocado que la masa monetaria en circulación (M2) creciera un 18,8% en enero con un aumento similar de la actividad crediticia local. La fiebre del crédito llega al coloso amarillo con unos años de retraso.

¿Será eficaz su propio Plan de Rescate?

Las posibles novedades en la formulación de dicho Plan, especialmente en la cuantía finalmente comprometida, han coincidido con el comienzo de la Asamblea del Partido Comunista Chino y han estado detrás de gran parte de los movimientos bursátiles de esta semana. Al alza ante el rumor, difundido por los estrategas de Standard Chartered con base en filtraciones internas, de que su importe podría doblarse. A la baja con la certeza de que no había modificación alguna de calado en su estructuración. Los inversores no saben ya a qué aferrarse. Pero, ¿cuál será la eficacia de dicho Plan? Gran parte de su éxito depende del nivel de crecimiento real de la economía a día de hoy y de lo que suponga ese 2% ó 3% de mayor actividad sobre el mismo. Una incógnita de partida que deslegitima cualquier discurso posterior. Más allá de ese obstáculo inicial, Michael Pettis, quizá la referencia intelectual en este momento sobre la cuestión, es extraordinariamente pesimista.

Ante la ausencia del sector servicios, gran parte de la inversión pública se está destinando a incentivar el consumo por vía de la creación de empleo manufacturero, señala en este ilustrativo artículo del WSJ el profesor universitario. El resultado es que la oferta crece artificialmente y por encima de la demanda interna, que se ve drenada igualmente por la propensión natural al ahorro de los chinos que, en su gran mayoría, carecen de cobertura sanitaria y de pensiones y han sufrido en sus carnes el desplome de los precios de los bienes tanto reales como financieros. Como consecuencia de ello, la dependencia exterior (de aquellos otros que han de adquirir ese exceso adicional de producción) no sólo no decrece sino que aumenta. De hecho, el superávit por cuenta corriente ha pasado de una media mensual de 17.000 millones de dólares en el primer semestre de 2008, a 39.000 en enero de este año.

Es verdad que gran parte de este incremento se deriva de un abaratamiento sustancial del coste de sus importaciones, debido a la reducción de los precios energéticos, y a una caída en menor grado de las exportaciones. Pero es precisamente la diferencia entre la merma en las ventas al extranjero de China en enero (-17,5%) y la de otras naciones de su entorno como Japón (-45,7%), Corea (-33%) o Taiwan (-44%) lo que lleva al otro gran especialista en la zona, Brad Setserha plantear tres alternativas sobre la mesa: o bien China está ganando cuota de mercado, que podría ser, siga el juego; o bien simplemente manifestará con retraso su debilidad al ser el último eslabón de la cadena productiva nacional, tarjeta amarilla; o, por último, la mengua en los demás se debe a una menor actividad y/o capacidad de compra de este país, tarjeta roja. ¿Con cuál de ella nos quedamos? No dejen de leer este interesante blog local para llegar a su propia conclusión.

El país, en la encrucijada

Me temo, en cualquier caso, que los chinos miran con una mezcla de preocupación y escepticismo el masivo depósito de esperanzas que se está produciendo sobre la evolución de su economía. La ruptura de la relación de intercambio trabajo por dinero que había establecido con el mundo occidental, y en concreto con los Estados Unidos, le ha generado un problema doble de desempleo y titularidad de una parte sustancial de activos financieros en dólares, parte de los cuales de valor incierto. Sabe por tanto que, siendo realista, gran parte de su recuperación está ligada igualmente a lo que suceda en el Reino de Obama. Algunos ya hablan de Chimérica. De ahí que no entienda demasiado bien el entusiasmo inversor ante las novedades que en China se producen y que tienen una duración temporal y una concentración sectorial que poco va a ayudar a la recuperación global, pero bueno.

Entretanto, sus gobernantes tratarán de prepararse para el nuevo horizonte económico que se atisba en la lejanía, lo que implica velar primero por lo suyo, después por lo suyo y finalmente por lo que les pueda corresponder. No lo duden Fortalecimiento del papel del Partido en toda la estructura del Estado; férreo control social con restricción adicional de las libertades e intervención de las comunicaciones; medidas de corte populista para mitigar el malestar de la población (sanidad, condiciones laborales, protección social); mayor intervención pública en la economía y paralización del proceso de transición hacia un modelo capitalista; intervención completa del sistema bancario; mantenimiento de la competitividad externa a través de actuaciones sobre el tipo de cambio, especialmente si el dólar continúa con su apreciación respecto al conjunto de las monedas mundiales; diversificación de las reservas actuales en la medida en que el dólar se aprecia (venta de posiciones actuales) y hay que comprar nuevos activos para sostener artificialmente la divisa;  acopio de recursos naturales en un mundo marcado por la escasez (compra de Rio Tinto por Chinalco o acuerdos de aprovisionamiento con el Africa Subsahariana); o los subsidios estatales a industrias clave serán, entre otras, sus guías de actuación a partir de ahora. A Occidente, rogando pero con la Hoz y el Martillo dando. ¿Qué no? Se admiten apuestas.