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El Mercado que no conoce su Historia está condenado a repetirla

El Mercado que no conoce su Historia está condenado a repetirla

@S. McCoy - 15/10/2008

En mi nuevo papel de netócrata, como así me ha bautizado Pisitófilos (del que, por cierto, espero anhelante un comentario relativo a la vigorosa defensa del modelo bancario de las Cajas de Ahorro llevado a cabo por Jordi Sevilla este fin de semana en El Mundo, que de alguna presidencia hay que vivir en el futuro), he realizado un recorrido por los principales agregadores de la web en la búsqueda de chicha fresca que traer ante todos ustedes tras las medidas de urgencia adoptadas por los distintos gobiernos y bancos centrales. En general les diré que, si el sentimiento predominante anterior al fin de semana era que Wall Street podía acabar con Main Street, ahora ocurre justo lo contrario: va a ser la economía real la que impida el despegue de la economía financiera, pese al brutal rebote de las bolsas. Respecto a este último me ha parecido especialmente interesante el Short View de John Auters en el Financial Times de ayer, que ponía en consonancia el comportamiento del mercado de acciones en estos dos últimos días con lo que aconteció en 1929 y 1987, un análisis que detalla mejor este post, y recordaba que, para que se produzca un cambio de tendencia, que identifica con la ruptura de la media móvil de 50 sesiones, el S&P tendría que subir… un 20% más desde el cierre del lunes, que no está mal. Una cautela que choca con el atrevimiento de aquellos, piezas centrales tanto del WSJ como del NYT, que afirman que estamos ante una oportunidad histórica de compra, si es que esta situación es equiparable a experiencias anteriores de mercado, cosa que personalmente dudo dado el carácter endogámico de la crisis actual. En mi caso prefiero no acertar con el suelo, la verdad.

 

Yendo a lo que nos ocupa, Nouriel Roubinicuyas tesis fueron recogidas por este Valor Añadido el pasado sábado, ha visto la ocasión perfecta para no dejar de "hablar de su libro" y aparece hasta en la sopa. No es de extrañar cuando un Premio Nóbel como Gary Becker lo utiliza de referencia en su propio blog en un artículo, por cierto, extraordinario que equipara la falta de prevención de las autoridades monetarias con la sorpresa con la que vivieron los mandos americanos el ataque japonés a Pearl Harbour. Roubini se manifiesta bien de forma directa, como en esta entrevista concedida a Bloomberg donde lleva su previsión de paro al 9% (un 50% por encima de los niveles actuales), anticipa un 15% adicional de caída del precio de la vivienda en Estados Unidos, lastre para la recuperación, y advierte de que el importe comprometido para la recapitalización bancaria se queda un 50% corto, como de manera inmediata a través de su propio blog en el que reclama medidas de corte esencialmente keynesiano como la expansión del gasto público, algo en lo que se muestra de acuerdo el ex Secretario del Tesoro estadounidense Larry Summers, y otras más populistas como la condonación parcial de la deuda de los hipotecados como forma de reactivar la demanda interna. Es lo que, a su juicio, marcará la diferencia entre una recuperación económica en forma de U, con una duración entre 18 y 24 meses, o una década de penurias a la japonesa. Por cierto, ahora que han circulado comparativas a diestro y siniestro acerca del parecido entre el comportamiento bursátil actual y el de 1929, no dejen de mirar este gráfico que hace la analogía del S&P con el Nikkei. Está bien mirar al pasado pero, ¿no será más conveniente echar un vistazo al potencial futuro? Ups.

 

Es precisamente en el consumo donde la mayoría de los articulistas sitúan el riesgo principal a día de hoy ante la duda de si el salvamento bancario, y las naves que con él se queman, no será pan para hoy y hambre para mañana dado el debilitamiento acelerado de la economía. El mercado sigue muy pendiente del crédito al consumo, cuyos diferenciales siguen muy tensionados, y más después del impacto de los impagados sobre los resultados trimestrales de General Electric dados a conocer la semana pasada. De hecho, la vida frugal, como proposición hasta hace poco a contra corriente, comienza a encontrar adeptos por centenares como recoge este interesante reportaje que es tema de portada en Business Week. Hay que hacer de la necesidad virtud, ¿no? En cualquier caso son muchas y muy variadas las voces que invitan a la prudencia ante lo que consideran el peor entorno económico en 50 años. Entre ellos George Magnus, de UBS, que identifica cuatro fuentes de peligro vigentes al final de su interesante pieza, también del Financial Times, espejo en el que mirarse, entre los que destaca, como novedad, el miedo al colapso de alguna economía emergente. Islandia, de momento, ayer vio como se esfumaba, de una tacada y al más puro estilo Fortis, cerca del 80% de su capitalización bursátil.

 

Dejo para el final el enlace que da título a la pieza de hoy. Adjunto una traducción propia, como siempre libre. Tiene un pequeño truco que no tardarán en adivinar. Les invito a que compartan conmigo un pequeño juego. Lean este resumen y pongan en el foro, antes de entrar en el original, el mes y año en que creen que fue escrito. Si quieren, claro está. Luego, abrimos la discusión. Es una colaboración del New York Times elaborada por un gestor/consultor financiero estadounidense. El link al final.

 

Negro futuro para Wall Street.

 

La caida de Lehman Bros. ha sido definida como el final de una era y, de hecho, en gran medida, lo es. Pero supone también el comienzo de una nueva época más oscura en la que Wall Street y la nación pagarán un elevado precio debido a los excesos de la última década.

 

El colapso del banco de inversión refleja un problema mucho más profundo: el abuso del sistema americano de crédito cuyas consecuencias ahora todos padecemos. Cientos de bancos cerrarán sus puertas y el coste para los contribuyentes se medirá en cientos de miles de millones de dólares. Otros muchos se han visto debilitados por la baja calidad de sus préstamos e inversiones. Pese a los siete últimos años de bonanza económica, el nivel crediticio de la América Corporativa está a niveles de la Gran Depresión.

 

(... respecto al origen) El sistema crediticio se vio arrastrado por el deseo de la administración de desregularlo. Un proceso que no vino acompañado ni del establecimiento, en paralelo, de nuevas garantías ni de la mejora de los niveles de supervisión o el endurecimiento de las reglas que han de regir, como norma general, la conducta financiera. El resultado ha sido que, de Main Street a Wall Street, los excesos se han multiplicado a través del empleo de una novedosas técnicas financieras y libérrimos estándares de crédito que era impensables hace apenas veinte años.

 

Durante todo este tiempo, prácticamente ninguno de los supervisores encargados de hacerlo se ha parado a pensar en las implicaciones de este proceso para el conjunto del sistema financiero. Las fuerzas del mercado actuarán por sí solas era su retórica fácil. Pero no se puede dejar la disciplina de las entidades financieras en manos del mercado. Es inaceptable, con carácter general. Supone poner a su alcance un arma demasiado peligrosa dado su bajo nivel de capitalización y el elevado grado de interconexión de las entidades. Y no hay que olvidar su responsabilidad pública que se deriva del carácter de custodio que tienen sobre nuestros ahorros e inversiones temporales. No es admisible delegar alegremente en el mercado el riesgo de quiebras potenciales, de entidades y de sus clientes, que ahora nos amenaza.

 

(...) Los agujeros regulatorios no pasaron desapercibidos en Wall Street . Los bancos de inversión se apresuraron a incrementar su apalancamiento financiero mediante la creación de sociedades independientes a tal fin. Y buscaron, mediante legales procesos de innovación financiera, los recovecos de la norma para esconder al escrutinio público sus activos brutos y sus estructuras de financiación.

 

El final de Lehman no significa la conclusión inmediata de las imprudencias acumuladas a lo largo de la última década. La desaceleración económica y su impacto sobre las empresas traerán consigo quiebras que aún están escondidas en la fábrica financiera. Para muchas entidades, su franquicia morirá definitivamente. El papel de Wall Street como asesor y banquero de inversión desaparecerá rápidamente. Su papel estaba basado en la confianza que en ellas depositaban sus clientes. Esa confianza ha desaparecido, consecuencia del conflicto de intereses (esto está adaptado) que ha provocado su conversión de intermediario a originador.

 

Se requiere reforzar las bases de capital de la banca, centralizar y reforzar el papel de los supervisores y establecer estándares adecuados para medir de forma objetiva la capacidad de sus directivos. Un nuevo entorno regulatorio que tendrá un campo de actuación más limitado, ante el inevitable proceso de concentración del sector (...) donde destacárán las fusiones con bancos comerciales como la mejor y probablemente única salida para acometer los problemas de Wall Street. Esperen intrusión gubernamental, menos innovación y una asignación más ineficiente de su capital.

 

Ahora, lo prometido. El enlace a la pieza original. ¿Sorprendidos? Bueno, al menos espero que lo hayan disfrutado. Sólo cabe concluir con ese adalid de la Seguridad Vial que es Paco Costas: "el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra" o el Mercado que no conoce su Historia está condenado a repetirla. Pues eso.