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Nigeria, ¿un gigante emergente o una emergencia gigante?


Nigeria es según varios analistas la economía africana más fuerte. Sus número impresionan, incluso el desarrollo que internet tiene allí o la nacionalidad más presente en el continente. Sin embargo, cuenta con graves problemas como el fundamentalismo o la alta tasa de paro entre sus jóvenes que pueden frenar el buen ritmo que lleva.



La economía que parece destinada a ser la de crecimiento más rápido es la de Nigeria, a miles de kilómetros de Seúl y de las reuniones de los líderes del G20.

El país africano podría ser el siguiente gigante emergente del mundo... o su siguiente emergencia gigante.

Nigeria está “en posición de formar parte del G20”, aseguró a la prensa el año pasado la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton. Añadió sin embargo que “la corrupción es un problema”.
Su punto de vista no es una sorpresa. En un continente cuya economía conjunta está expandiéndose más rápidamente que la del resto del mundo, a excepción de China e India, Nigeria representa desde hace tiempo la metáfora de África: un inmenso potencial y no pocos problemas. 

“Nigeria es clave para el futuro del África subsahariano”, afirma Razia Khan, economista del Standard Chartered Bank. 

Pero desde mayo, tras el fallecimiento por enfermedad del presidente Umaru Yar'adua, la segunda economía más importante del continente está viviendo momentos de auge (y también de tragedia), los mejores desde las ganancias petrolíferas de la década de 1970, según algunos analistas.

Las actuales cifras macroeconómicas de Nigeria generan buenos augurios.

El Fondo Monetario Internacional calcula que la economía nigeriana está creciendo al 7 por ciento anualmente, un ritmo veloz que “representa serios avances contra la pobreza” y que continuará el año que viene, según el vicedirector para África del organismo, Mark Plant.

El PIB de Nigeria, de 353.200 millones de dólares, es el mayor del continente. Sus 155 millones de habitantes lo convierten en el país más poblado de África.

Mercados pujantes

El sector de la telefonía móvil en Nigeria es el de mayor crecimiento en África, al tiempo que el acceso a internet (tres de cada 10 nigerianos) crece a un ritmo desconocido al sur del Sáhara. La industria cinematográfica de Nigeria también ha crecido de manera significativa.

También está el cemento: las fábricas nigerianas están ingresando cientos de millones de dólares al ser en buena parte quienes suministran material para las obras del boom inmobiliario en África occidental.

Además, el presidente Goodluck Jonathan (que se traduce curiosamente como Buenasuerte Jonathan), está impulsando un plan de reforma eléctrica con el que se pretende terminar con los famosos apagones que sufre el país. La reforma podría conllevar un crecimiento del sector del gas a un 10 por ciento anual, según el Ministerio de Finanzas.

Este tipo de crecimiento podría convertir a Nigeria en la economía de crecimiento más rápido del mundo. Los pronósticos del ministerio provocan tantas muecas de incredulidad como expectativas.

“Este crecimiento del 10 por ciento ¿de dónde va a salir?”, pregunta Jenny Kehl, profesora de Desarrollo Global de la Universidad de Rutgers y una escéptica confesa sobre las expectativas de Nigeria.

Piedras en el camino

Más allá del cemento, la débil industria manufacturera del país se las tiene que ver con infraestructuras problemáticas, como puertos paralizados y carreteras gastadas. Ese es el motivo por el cual el crecimiento de Nigeria se podría parecer al caso de India, y no al de China, explica Andreo Alli, presidente de African Finance Corporation.

Mientras tanto, el sistema financiero de Nigeria todavía está convaleciente del colapso casi total del préstamo que vivió en 2008. Desde entonces hay un recorte crónico de los créditos para los pequeños negocios y granjeros, que son quienes impulsan el actual crecimiento nacional del 7 por ciento.

“Los bancos crecieron enormemente hasta 2008 sin hacer préstamos a los pequeños negocios; se desmoronaron en 2008 y 2009 sin dar crédito a los pequeños negocios, y ahora se están recuperando sin dejar dinero a los pequeños negocios”, afirma el economista David Asserkoff. “Y eso probablemente no cambiará en los próximos dos o tres años”.

Incluso el tristemente famoso sector petrolífero de Nigeria, asediado por los rebeldes y por nuevas leyes, está prácticamente produciendo al máximo de su capacidad, apunta la profesora Kehl. “El crecimiento va a tener que venir a través de la inversión extranjera”, añade. “Pero la política en Nigeria es volátil. La estabilidad política es más importante para los inversores que la estabilidad económica”.

Si eso es verdad, entonces los interesados en financiar el crecimiento de Nigeria tienen un buen montón de titulares que analizar, empezando por los enfrentamientos entre enero y marzo entre musulmanes y cristianos que se saldaron con cientos de muertos.

El fundamentalismo en Nigeria

La secta islamista del norte Boko Haram (“La educación occidental es pecado”) ha atacado escuelas, comisarías de policía y cárceles en su lucha por imponer el fundamentalismo. Esta milicia no refleja los puntos de vista de la mayoría de la población, musulmana (la mayor de África), pero eso no ayudó mucho a su imagen mundial cuando un nigeriano de 23 años intentó volar por los aires un avión hacia Detroit las pasadas Navidades.

Un coche bomba que el mes pasado mató a 12 nigerianos el Día de la Independencia fue colocado por un grupo totalmente diferente, unos rebeldes que rechazan la industria petrolífera.
Además, en 2011 habrá elecciones en Nigeria, unas de las más disputadas de la historia, según Kehl. “China no ha tenido ese tipo de obstáculo”, indica.

China e India tampoco se enfrentaron a tanta competencia, añade. “Nigeria tiene mucha más competencia. Además de petróleo, ¿qué otras ventajas competitivas tiene frente a Sudáfrica, Bolivia o incluso China?”.

“Juventud”, sería la respuesta de Ben Fisher a la pregunta retórica de Kehl.

Autor de un estudio demográfico sobre Nigeria para el British Council, Fisher cree que los cuatro de cada 10 jóvenes nigerianos que todavía no han cumplido 16 años son el arma secreta del país, su bomba de relojería, “la generación que lo hace o lo rompe”.

“Si analizamos modelos parecidos como India o Pakistán vemos que puede haber una enorme cantidad de crecimiento económico si se establecen las políticas correctas para que esa gente acceda al mercado de trabajo”, explica.

Aún así, apunta, el sistema educativo del país no parece preparado para atender a esa generación, ya que tiene una escasa financiación para programas de formación profesional, hay poco espacio universitario y prácticamente no hay ningún apoyo del gobierno a las pujantes industrias de la moda y del cine de Nigeria.

“Hay una enorme cantidad de jóvenes sin acceso al trabajo o que se puedan expresar en el ámbito político. Obviamente, esto podría acabar generando disturbios”, advierte.

El plan eléctrico de presidente Jonathan quizás no resuelva esos problemasintrínsecos, afirma Asserkoff, porque servirá para aumentar la productividad del trabajador, pero no para crear puestos de trabajo.

Pero si el país está logrando un crecimiento del 7 por ciento pese a los obstáculos y a los generadores diesel, cree que se podría llegar fácilmente al 10 o al 12 por ciento si se aplican reformas.  “No hay que hacer que todo sea perfecto”, dice. “Pero hay que hacer progresos”.




Nigeria, ¿un gigante emergente o una emergencia gigante?

06:00h | Drew Hinshaw, Lagos | GlobalPost