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ECONOMIA (ESPAÑA EN 50 GRAFICOS)







ESPAÑA EN 50 GRÁFICOS GRAN TRABAJO DE lainformacion.com

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EXPORTACIONES ¿Sabías que España es líder mundial en...?

"España está asustada de sí misma, horrorizada", dejó escrito Miguel de Unamuno en noviembre de 1936, apenas un mes antes de fallecer. Aunque sus palabras hacían referencia a la barbaridad de la Guerra Civil, podrían extrapolarse perfectamente al sentir de gran parte de la sociedad actual.

Sin embargo, los tiempos de zozobra actuales distan mucho de la barbaries de un conflicto bélico y la realidad demuestra que, a pesar de los innegables problemas del país, y de la necesidad de encontrar un nuevo modelo económico, España también tiene muchos motivos para sentirse orgullosa.

Infraestructuras


Siete de las diez principales compañías de infraestructuras del mundo son españolas. Aunque sus nombres llevan a muchos a confundirlas con el denostado ladrillo -ACS,Acciona, Ferrovial, FCC, Sacyr, Abertis y OHL- la realidad es que estas empresasapenas tienen nada que ver con los abusos inmobiliarios.

Ellas poseen los mayores aeropuertos del mundo, construyen puentes y túneles, abren canales capaces de unir dos océanos, y levantan pasarelas que atraviesan mares. Todo, obras de ingeniería, que llevan anexa alta tecnología, como demuestran también con su liderazgo en las obras ferroviarias de alta velocidad.

Energías Renovables


España es el tercer país en capacidad eólica instalada del mundo y el segundo en solar. Esta apuesta por las renovables (con todos los errores que han podido cometerse con las primas y la actual falta de seguridad jurídica) ha dado lugar a gigantes industriales como Gamesa, segunda productora mundial de aerogeneradores, o Iberdrola Renovables,  la principal promotora de parques eólicos del mundo, clasificación en la que Acciona ocupa la tercera posición.

Además, España es junto a Arabia Saudita la mayor potencia en desalinización y tecnologías de tratamiento de agua.

Aeronáutica


El tren de alta velocidad (AVE) no es el único medio de transporte donde las empresas españolas han conseguido hacerse un hueco en el mundo. Tres de cada cinco vuelos del planeta son controlados mediante sistemas españoles de navegación, según datos del Icex, lo que nos convierte en uno de los primeros países del mundo en esta tecnología.

Tecnología médica y gestión sanitaria


El Sistema Sanitario español es el cuarto mundo, según Health Affairs ‘08, gracias al liderazgo de nuestro país en el ámbito de las tecnologías médicas, que no sólo aplicamos en la piel de toro, sino que también exportamos.

Vino


En plena crisis económica, España ha conseguido adelantar a Fracia como segundo exportador de vino y se ha colocado en la segunda posición del ranking, sólo por detrás de Italian. Según datos del Observatorio Español del Mercado del Vino, las ventas al extranjero de nuestros caldos superan los mil millones de euros en la primera mitad de este año, un 6% más, aunque el precio medio de las ventas ha descendido un 8,8%.

Aceite


Con una producción en torno a 1.100.000 toneladas, España es el primer exportador de aceite del mundo. Esta cifra supone el 50% de la producción de la Unión Europea y el 35% de la producción mundial.

Moda Nupcial


Inditex no es la única compañía española que puede presumir de haber roto fronteras con su moda. Nuestro país es el segundo exportador mundial de moda nupcial, sólo por detrás de China, y con el añadido de que aquí no se fabrican los vestidos en serie, sino que el diseño y la marca son dos de los secretos que nos han alzado a los primeros puestos del mundo en este sector.

Según el ICEX, este sector factura 1.358 millones de euros, con un volumen de exportaciones de 426 millones (5,3% del total del textil confección en España). Sólo Pronovias controla el 5% del mercado en todo el planeta, aunque hay más de 700 empresas nacionales dedicadas a este negocio.




¿Sabías que España es líder mundial en...?

06:00h | Ruth Ugalde
Tecnología médica, infraestructuras, energías renovables, desalinización, sistemas de navegación aérea, vino, aceite e incluso moda nupcial. El 'made in Spain' es mucho más que ladrillo, sol y playa.


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¿Por qué nos siguen viendo como si fuéramos una zarzuela?



Un ejecutivo español de un gran compañía de inversión se fue a Londres a hablar con Financial Times en los días en que los fondos de inversión atacaban los mercados españoles. Estuvo un rato hablando con el periodista que escribe editoriales sobre macroeconomía y mercados de deuda. Le explicó que estaban exagerando la idea de que España no podría afrontar sus pagos de la deuda externa. “Eso no pasará nunca”, dijo el ejecutivo español. Y le enseñó un montón de cifras. Teníamos menos deuda que Gran Bretaña y nuestra banca estaba mejor. Es verdad que teníamos déficit fiscal, pero nadie había tenido el superávit que tuvimos hace tres años. Las cosas estában mal, pero no para dudar de nuestra capacidad de pago.
El periodista, que era  de los que usaba el término PIGS para referirse a España y otros países del submundo económico, asintió en todo momento. Le explicó que quizá habían exagerado en su periódico, y que eso era una forma de desviar la atención sobre los problemas del Reino Unido.
El ejecutivo español regresó a su país esperando haber convencido al editorialista. Las informaciones exageradas estaban dañando mucho la deuda española, y encareciendo todas las operaciones de capital riesgo, o inversiones en España.
Tres días después, apareció un artículo en el periódico aún más duro contra España. “No lo entendí”, dijo este ejecutivo.
Yo creo que sí se entiende. Desde hace tiempo, mejor dicho, a lo largo de este año, vengo escribiendo en este blog sobre los efectos de la visión anglosajona del mundo. La prensa económica más influyente es anglosajona. Cierto. Es una prensa bien hecha y seria. Usa el inglés que es el idioma universal, el de los negocios. Pero cada vez me molesta más el sesgo antieuropeo, o antiespañol en nuesto caso. Creo que siguen teniendo una visión de turista con chancletas.
¿Pruebas? Hace una semana, The Wall Street Journal reprodujo un reportaje audiovisual que empieza como una zarzuela: toreros, fandangos, bailaoras, y hasta gaiteros. No mienten, claro. Pero es como si nosotros comenzáramos un reportaje económico sobre EEUU poniendo persecuciones policiales, la silla eléctrica, y los gordos que comen hamburguesas. Y que eso lo hiciéramos para explicar la Bolsa deWall Street.
Luego, vino The New York Times con otro video parecido para hablar del desempleo en Andalucía, el cual relacionó con las chirigotas.
A veces, cuando abro The Economist veo que siguen añadiendo la caricatura de un torero o de un toro cuando hablan de España. Entiendo que cada país está asociado a una imagen, y que eso facilita las cosas. Pero que en los textos se nos trate como PIGS (cerdos en inglés, por aquello de que engloba las iniciales de países como Portugal, Italia, Grecia y España), me parece denigrante. O peor, más denigrante es que aceptemos ese calificativo como quien acepta que le llamen estúpido.
¿Por qué esa manía anglosajona? El ejecutivo español que fue al FT dijo que allí le explicaron que lo hacían para desviar la atención de sus propios problemas. Yo creo que es porque asocian, sin pruebas, España a falta de fiabilidad. Y creo que el color de lo español con sus costumbres, es tan atractivo como los viajes de Washington Irving en el siglo XVIII. Pero una cosa es la deuda española, y otra las chirigotas.
En muchas categorías, España supera a Gran Bretaña y a Estados Unidos: tenemos mejores trenes y carreteras, mejores aeropuertos. ¿Y alguien duda de que es un signo de progreso y civilización? Nuestrosistema nacional de salud es incomparablemente mejor que el británico y que el norteamericano, otro signo de civilización y de estabilidad. Compramos sus bancos, sus aeropuertos, y sus compañías telefónicas. Y ahora les vamos a instalar plantas de energía termosolar.
Podría seguir poniendo ejemplos.
La prensa española debería reaccionar siendo más crítica a la hora de aceptar esas informaciones sobre España. Y lo ha hecho. Hace poco FT dio por bueno un informe confidencial donde se decía que laeconomía española había caído en los últimos años un 14%. Era falso. La prensa española, salvo la más radical, la ignoró. Ya son muchas meteduras de pata de estos anglosajones.
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La extinción del mercado



-NOTA DE VREDONDOF : ES muy interesante el estar al dia de opiniones avanzadas , fuera de los "CIRCULOS OFICIALES" (TV , radio , Prensa etc etc ) , por ello hay que "perder el tiempo" en leer a estos "pensadores" de "fuera" del sistema.


La mayor crisis de la Historia está condenada a cerrarse en falso. ¿Por qué? Porque a fin de cuentas el modelo económico mundial es básicamente intervencionista, sea cual sea el signo de los gobiernos, y la política, de acceso restringido, se ha convertido en la única llave con la que abrir el cajón de las soluciones. Y, en la práctica, lo que están haciendo los políticos y los grandes grupos de presión es acaparar recursos, distorsionar el mercado y poner barreras al libre acceso a la economía. Es decir, restringen la libertad de los “pequeños agentes”: PYMES, microempresas, autónomos, asalariados y demás gente de mal vivir.

Si unos pocos agentes acaparan la mayor parte de los recursos, la capacidad de crear riqueza se ve limitada. En primer lugar, porque la capacidad de generar riqueza está relacionada con el número de agentes que pueden intervenir en la economía. Si el acceso a la economía está restringido se producen dos efectos negativos: por un lado, quienes dominan el mercado acaparan la riqueza y tienen menos necesidad de innovar e invertir; por otro, se vuelven muy codiciosos, poco transparentes y, llegado el momento, pueden trasladar sus pérdidas al conjunto de la economía, lo que vulgarmente se llama “socializar las pérdidas”.

La dictadura de los “grandes agentes”

Por poner un ejemplo, el grueso del poder financiero está concentrado en las manos de unos pocos agentes. Y éstos, en connivencia con el poder político, están impidiendo que el precio de la vivienda se ajuste. Así no tienen que detraer gran parte de sus recursos para compensar las pérdidas. Por el contrario, el ciudadano de a pie ha de pagar un precio por su vivienda que no se corresponde con el valor de la misma y su valor patrimonial se reduce cada vez más, mientras que la cantidad de recursos que ha de destinar a pagar su hipoteca se mantiene inalterada. De esta forma, los bancos imputan una parte muy importante de sus pérdidas al consumidor final y, al impedir el ajuste del precio, el mercado se estanca y el sector de la construcción permanece bajo mínimos.

Todo esto tiene otro grave inconveniente. El valor de la vivienda es mucho menor que la deuda a la que respalda, lo que implica que la riqueza neta es menor que la riqueza aparente. En consecuencia, para que el banco mantenga sus beneficios, los consumidores se ven cada vez más endeudados. Y esa deuda termina por trasladarse al conjunto de la economía y, lejos de diluirse, vuelve como un bumerán y golpea a todo el sistema. Tarde o temprano, el delicado equilibrio entre endeudamiento y riqueza se rompe.

“Deudalismo”

Cuando los grandes agentes no son capaces por sí mismos de generar la riqueza necesaria para sostener el crecimiento económico, y el acceso al mismo de los pequeños agentes está seriamente comprometido, la deuda se convierte en el sucedáneo de la riqueza. Por ello, lo que hemos vivido en estos últimos años no ha sido más que el ajuste de un sistema económico cerrado basado en el endeudamiento: lo que yo llamo deudalismo. Un sistema de “deuda infinita” cuya viabilidad a medio plazo se ha sostenido con alfileres a base de hacer creíble que se podrían generar (y si fuera preciso, confiscar) los recursos necesarios para respaldar, ejercicio tras ejercicio, la cuota de deuda correspondiente. Es importante entender que “respaldar” no significa en modo alguno “pagar” la deuda, sino simplemente hacer frente a sus vencimientos a corto o, en todo caso, renovarla e ir abonando los intereses puntualmente. De ahí que la deuda tienda a ser infinita.

Cuando la deuda es tan elevada que pone en riesgo el sistema, el gran agente (en este caso el Estado) ha de hacer creer al resto de grandes agentes globales que pondrá en marcha reformas para generar más riqueza, aplicará medidas de reducción del gasto y confiscará nuevos recursos mediante una mayor presión tributaria. Con estas tres iniciativas, usadas de forma combinada, se puede influir en los agentes globales generando lo que se ha dado en llamar “confianza”. El objetivo es asegurar la capacidad de endeudamiento hasta que se produzca una reactivación económica. Pero ese milagro no se produce porque en sí mismas las soluciones aplicadas no están destinadas a liberar recursos sino a detraerlos y sostener el endeudamiento. Y lo que se produce es un mayor empobrecimiento de los pequeños agentes. La economía, lejos de reactivarse, se contrae aún más hasta tocar fondo y quedar estancada sine die.

La transferencia de la deuda a los “pequeños agentes”

Dentro de este sistema, cuando la riqueza no crece o se reduce, la deuda neta se incrementa, y con ella sus intereses, hasta hacer saltar por los aires el equilibrio presupuestario de particulares, empresas, administraciones públicas y Estados (por este orden). Entonces la maquinaría se pone en marcha y se da una nueva vuelta de tuerca al reparto tanto de la riqueza como del riesgo, trasladando la mayor parte del esfuerzo a aquellos agentes que no tienen los medios ni la fuerza suficiente como para defender sus legítimos intereses. Es decir, ustedes y yo mismo, para que nos entendamos.
No ha existido durante todos estos años un modelo capitalista dentro de una economía liberalizada, sino un modelo económico basado en la intervención del mercado, el secuestro de recursos y la destrucción de la libre competencia
En una economía de libre acceso el ajuste hace tiempo que habría concluido, y el reparto del esfuerzo habría sido más o menos equitativo. Pero en una economía de acceso restringido, donde los grandes agentes lejos de asumir sus pérdidas se dedican a transferir la deuda al resto, el ajuste se convierte en la cuadratura del círculo.

Los problemas se hacen evidentes al comprobar que la mayoría de las empresas sólo han sido capaces durante los últimos años de reducir costes, pero no de aumentar su facturación de forma significativa. Algunas de ellas anuncian beneficios. Pero, salvo contadas excepciones, éstos vienen en su mayor parte por la vía de la reducción de costes, no por el aumento de las ventas ya que el mercado sigue bajo mínimos. Se trata de estrategias para mejorar los márgenes de explotación en un mercado que se contrae de manera progresiva. Y para ello, las grandes empresas disponen de cuatro mecanismos: la deslocalización, la reducción de plantilla, la bajada de salarios y la subida de precios. El resultado: destrucción del tejido industrial, desempleo, deterioro del consumo e inflación. Y vuelta al principio del problema.

La falacia del empobrecimiento equitativo

Cuando oficialmente se dice que somos un 20% más pobres, se nos induce a aceptar con resignación nuestra mala situación, forzándonos a creer que hemos de pagar nuestra parte porque los demás agentes pagarán la suya. Pero esta forma de comunicar el ajuste es en sí una trampa y, por ende, una falacia. Al decir que “somos un 20% más pobres”, se traslada la idea de que todos nos hemos empobrecido en la misma proporción. Y eso en modo alguno es así, puesto que el reparto del esfuerzo en un mercado intervenido no es espontáneo y carece de equidad. Si en términos generales se calcula que nos hemos empobrecido un 20%, quiere decir que una parte muy importante de la sociedad habrá visto mermadas sus rentas y su patrimonio mucho más allá de una quinta parte, y otros muchos lo habrán perdido todo o casi todo.

Hay quien opina equivocadamente que esto es culpa del sistema capitalista, en el cual las desigualdades y la pobreza son el único horizonte posible para la gran mayoría de las personas. Pero nada más lejos de la realidad. No ha existido durante todos estos años un modelo capitalista dentro de una economía liberalizada, sino un modelo económico basado en la intervención del mercado, el secuestro de recursos y la destrucción de la libre competencia. Y cada vez resulta más difícil para el común crear riqueza y acceder a la economía y, por supuesto, a la política.

El mercado de acceso restringido

Nos encontramos dentro de un sistema cerrado, en el que el capital no circula libremente, sino que ha de transitar por circuitos cada vez más restringidos. Fuera de estos circuitos, la riqueza, las rentas de los ciudadanos de a pie, son sistemáticamente fiscalizadas, detraídas, confiscadas y, en general, saqueadas de diferentes maneras.

En un mercado en contracción, donde el endeudamiento se ha convertido en el sucedáneo de la riqueza dando lugar a una riqueza aparente cinco veces superior a la riqueza neta, los que se benefician de este sistema cerrado tratarán por todos los medios de mantener sus privilegios, trasladando el ajuste de la economía al resto.

Mientras los grandes agentes que controlan la economía pueden socializar sus pérdidas con diferentes mecanismos y argucias, la mayoría de los pequeños agentes no pueden salvo recurso de instalarse en la clandestinidad. Por lo que la crisis, lejos de desaparecer, da lugar a una larga y prolongada fase de empobrecimiento de la población, que, además de soportar los efectos inherentes a la contracción económica, debe pagar de su bolsillo las pérdidas de los grandes agentes y hacer que estos mantengan sus privilegios. Por eso la crisis se cerrará en falso y dará paso a un prolongado proceso de empobrecimiento generalizado en el que muchos caerán por debajo del umbral de la miseria, y otros tantos pasarán a ser pobres.

Si no se produce un salto a un sistema de libre acceso, la cuestión fundamental ya no será si esta crisis terminará algún día, sino cuánto queda para que el sistema se colapse. Y aún peor, cuánto tardarán los Estados en transformarse en sistemas sociales completamente cerrados, bajo la dictadura de los grandes agentes y certificar el fin de las democracias.

*Javier Benegas es experto en branding y comunicación


TRIBUNA,  Javier Benegas*

La extinción del mercado





Periodista Digital: entrevista con Javier Benegas (27/11/2008)




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La guerra que viene: moneda contra moneda



La noticia más importante de ayer no eran el ciberataque a la web de la SGAE, o el viaje de la policía española a Colombia para interrogar a guerrilleros arrepentidos de las FARC. La noticia más importante era el aviso que daba el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn: “Señores gobernantes, no se metan en una guerra de divisas”.
Lo dijo con las siguientes palabras al Financial Times. “Ha comenzado a circular la idea de que pueden utilizarse las monedas como arma de política (económica)”.
¿A qué se refiere? Muy sencillo: manipular el tipo de cambio es una forma rápida y tentadora que tienen los gobiernos para arreglar los desperfectos de las economías. Por ejemplo, cuando España tenía un problema con la caída de las exportaciones, con la falta de competitividad de sus productos, o cosas peores, entonces llegaba el ministro de Economía y devaluaba la peseta. Inmediatamente, pasaban dos cosas: los españoles eran más pobres comparados con sus vecinos, pero sus productos eran más baratos. A corto plazo, venían más turistas, se invertía más en España y los productos españoles se vendían mejor. Exportábamos más.
Esta varita mágica se sigue usando por cada país como le conviene. El problema es que lo que le conviene a uno no le conviene al otro. China tiene un gigantesco superávit comercial. Sus productos son muy baratos. Pero si ellos tienen superávit es porque otros países tienen déficit. Para equilibrar esa balanza (las divisas salen de nuestros países y entran en masa China), se le pide a China que suba el precio de su moneda, cosa a la que se niegan los chinos. Subir de precio la moneda tendría un efecto inmediato: China no succionaría tantas divisas, y al tener una moneda más fuerte, le sería más fácil importar productos, sean españoles o japoneses.
Todos quieren manipular sus monedas para solventar sus problemas internos por arte de magia. Es tan cómodo. A veces, se hace de una manera muy sutil como Brasil, que para evitar que se revalúe su moneda, anunció que va a imponer una tasa sobre las entradas de capital. ¿La razón? Ese país está creciendo tanto, que todo el mundo quiere invertir allí. Al hacerlo, demandan la moneda local, y esa demanda hace que se revalúe.  Justo ahí, los productos brasileños son menos competitivos porque son más caros. Eso es lo que pretende evitar el gobierno brasileño, pues al ser más caros, el comercio de ese país decae. Con razón Strauss-Kahn decía:
“Hemos visto informaciones de que algunos países emergentes cuyas economías se exponen a fuertes aflujos de capital están diciendo que quizás sea ya hora de utilizar sus divisas para lograr ventajas, sobre todo en el comercio. No creo que sea una buena solución”.
Este fenómeno lo vamos a ver cada semana en los próximos meses. Hay muchos desequilibrios internos en las grandes economías mundiales, y todas quieren atajarlos por la vía rápida. Pero al hacerlo, entonces, transmiten su desequilibrio al sistema. Dijo Strauss-Kahn: “”Si llegara a traducirse en acciones concretas, esa idea representaría un riesgo muy grave para la recuperación mundial…Tendría un impacto negativo y muy dañino a largo plazo”.


¿La solución?


Exportar a otro planeta. ¿No ha creado la ONU una representante para contactar con extraterrestres? Pues que sea un empresario, por favor. Así tendremos superávit y ellos tendrán déficit.





La guerra que viene: moneda contra moneda




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Se necesita un Plan B:los presupuestos nunca han acertado


Desde 2005 hasta este 2010 los Presupuestos Generales del Estado han errado en sus estimaciones. El Plan B por si los Presupuestos de 2011 tampoco se cumplen, que pide el Gobernador del Banco de España, mas que prudente, resulta necesario.
Como dice un buen amigo, presupuestar es presuponer. Pues bien: desde 2005, el del primer Presupuesto General elaborado por la Administración Zapatero, hasta el 2010, las presunciones mas importantes del los Presupuestos Generales del Estado fueron equivocadas. Solo acertaron, aunque no exactamente, en los gastos, pero los gastos no son una presunción, sino un compromiso porque  el nivel de gasto depende de decisión propia.
Los errores han estado en la estimación de crecimiento económico general y en  la estimación de recaudación tributaria. Son dos cifras estrechamente vinculadas, porque de forma cuasi directa el crecimiento del PIB empuja hacia arriba la recaudación tributaria, y viceversa: cuando el PIB no tira, la recaudación se viene abajo.
Respecto del PIB, las previsiones de los Presupuestos para 2005 se quedaron abajo en un 10 por ciento (estimación del 3 y crecimiento real del 3,3). Para 2006 y 2007 las estimaciones fueron desbordadas en mayor proporción por la realidad (respectivamente: 3,4 frente a 3,9; y 3,2 frente a 3,8). Eran los buenos viejos tiempos, cuando la burbuja crediticia-inmobiliaria crecía sin que nadie tuviera mayor interés en pararla.
Pese a lo que dijeron Zapatero y Solbes en la campaña electoral, en 2008 estalló la crisis. Para aquel año funesto se programó, justo antes de las elecciones, un crecimiento del 3,3 por ciento cuando a fin de año no se alcanzó ni la mitad: 1,6. Con todo, el año del gran batacazo fué 2009: el Gobierno pronosticó un crecimiento del PIB en un 1 por ciento, cuando la caída fué del -3,6.
La recaudación fiscal se movió al ritmo del PIB: cuatro primeros años excedentaria sobre previsiones, seguidos de dos años catastróficos. En 2005 el contribuyente nacional pagóo por todos los conceptos un 8 por ciento más de los presupuestado, en 2006 la factura fiscal superó las previsiones en un 10 por ciento, en 2007 en un 8… Y llegaron las vacas flacas: 2008 se cerró con una recaudación de sólo del 79 por ciento de lo programado y en 2009 desastre total: la recaudación no llegó el 70 por ciento.
La batalla presupuestaria de 2010 está lejos de terminarse, pero hasta agosto, las últimas cifras que se conocen la perspectiva no es tan mala como en 2009, porque a mitad de mayo y por imposición de la UE, el famoso decretazo que rebajó el sueldo de los funcionarios, los gastos asistenciales y subió el IVA han impulsado los ingresos hacia arriba, de forma que en los ocho primeros meses se ha recaudado el 60 por ciento de lo previsto para el conjunto del año. En el caso concreto del IVA la recaudación enero-agosto supone ya el 74 por ciento de lo previsto. La estimación gubernamental señala que se desbordarán las previsiones de ingresos en un 40 por ciento.
¿2011? Pues el Gobierno sigue en modo optimista: la economía crecerá un 1,3 y los ingresos también: un 5,7 por ciento. Ninguno de los pronosticadores públicos y privados es tan optimista como el Gobierno en sus estimaciones de crecimiento. El Banco de España tampoco y por eso su Gobernador reclama un Plan B.
No es un problema de honrilla pronosticadora: si el Gobierno vuelve a fallar en su estimación, en 2011 puede ocurrir lo que ya sucedió el en 2010: a mitad de año subirán los impuestos.
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Alta tecnología: Ikea, Starbucks, Inditex, Nespresso… Y Arguiñano


Mas talento y menos cemento. Se equivoca quien piensa que el nuevo modelo de la economía española será el resultado de una impresionante secuencia de inventos,  producto a su vez del estrujamiento cerebral de los antiguos albañiles… Innovar no es tanto inventar como hacer y vender mejor lo que se ha hecho y vendido durante toda la vida
Por primera vez en sus 67 años de historia, Ikea, el gigante sueco de fabricación y venta de muebles acaba de hacer públicos sus resultados económicos. Ssigue siendo propiedad directa o indirecta de su fundador,Ingvar Kamprad (84 años) y nadie sabe muy bien los motivos que le han llevado a decisión tan relevante: la dirección de la empresa niega que vaya a salir a Bolsa, o que busque otro comprador.
Las cifras son realmente espectaculares. Ejercicio 2009: 22.500o millones de euros y beneficio de 2.500 millones con un crecimiento (¡en plena crisis!) del 11,3 por ciento respecto de 2008.
Pero mas espectacular que ganar 2.500 millones de euros (si fuera española estaría entre las diez primeras por beneficios) es hacerlo en un sector tan viejo y tan tradicional como el del diseño, fabricación y venta minorista de muebles.
Hablo de Ikea por la novedad de sus cuentas, pero podíamos hablar también de Inditex. Su fundador, Amacio Ortega, se ha convertido en muy poco tiempo en el primer fabricante y vendedor de ropa del mundo, mérito al que se añade el de  superar el handicap de ser español. Nespresso, la división mas rentable de la multinacional suiza Nestlé, no es resultado de un genio individual, sino de un equipo empresarial, pero el resultado es el mismo: montar un nuevo negocio en un sector tradicional, en el que todo estaba hecho. La americana Starbucks es fruto de otra importante innovación. Su fundador la define como “convertir en una experiencia la rutina de tomar un café”.
Aunque hay muchas diferencias, cabe también citar el renovado éxito del programa de televisión  del cocinero Karlos Arguiñano que ha convertido un espacio tradicional para amas de casa, en un prime time show.
Para mí tengo que estas empresas y algunas que ahora no recuerdo son tan innovadoras como Google, Facebook, Intel, RIM et alia. La innovación, la búsqueda de un nuevo modelo para la pobrecita economía española, no consiste en buscar  los inventos del legendario Dr. Franz de Copenhague, sin o en hacer de forma más eficaz y rentable las cosas que estan en el centro de las necesidades ordinarias del hombre: amueblar la casa, vestirse, tomar un café… Y ver una televisión que no ofenda a la inteligencia ni al buen gusto.

Alta tecnología: Ikea, Starbucks, Inditex, Nespresso… Y Arguiñano

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El mejor y el peor año de Alemania.



No muchos países tienen la oportunidad de celebrar el día en que se unieron. Alemania celebra por estas fechas, el 3 de octubre, el día de la unificación. Hace veinte años, en 1990, el canciller Kohl logró unificar dos Alemanias separadas desde la Segunda Guerra Mundial, separadas incluso por un muro de cemento y ametralladoras.
No es la primera vez. A finales del siglo XIX, el canciller Otto von Birmarck logró que los diferentes miniestados alemanes superasen sus diferencias, y se unieran para crear la Alemania moderna.


Pero, de esas dos unificaciones, sin duda, 1990 fue el mejor año de la historia de Alemania porque se olvidó aquella pesadilla. Fue el mejor año desde el punto de vista político.
¿Y cuál fue el peor año? Desde el punto de vista económico, 1923 fue el peor año de su historia: un año que nadie olvida en ese país a pesar de que no hay muchos que puedan decir “yo viví aquello”.


Fue el “Inflationszeit“, el tiempo de la inflación. Y hoy toda Europa, aunque no lo sepa, vive bajo sus efectos.
Al finalizar la Primera Guerra Mundial, en 1918, el marco sólo había perdido la mitad de su valor en los mercados internacionales. Hasta entonces, la tasa de cambio era de 4,2 marcos por dólar. Cinco años después era de 420.000 millones de marcos por dólar.


La espiral en la que había caído el marco es una de las cuestiones que más sorprenden a los economistas. Una de las consecuencias era que los trabajadores alemanes recibían su paga semanal y salían corriendo a comprar productos de primera necesidad porque en cada hora que dejaran pasar su dinero valía menos. Como la inflación les iba comiendo el terreno, exigieron que se les pagara diariamente; pero como eso era insuficiente porque los precios subían de hora en hora, los trabajadores recibían su paga hasta dos veces al día.


Para cualquier trabajador, aunque no lo sepa, la estabilidad de su moneda es lo que le permite ahorrar y planificar su futuro. En 1923 eso no existía en Alemania.
Sucedían otras cosas más chocantes. Se podía saldar la deuda con el banco con un sello de correos. Llegaron a imprimirse sellos de correos por 2.000 millones de marcos, y billetes de 100.000 millones de marcos.


Un billete de 100.000 millones de marcos (billionen, en alemán)

Los precios subían con tal velocidad que, en lugar de modificar las etiquetas, los comerciantes colgaban un cartel que exhibía el factor multiplicador del precio. Este factor lo conseguían llamando por teléfono a los bancos, y preguntando la tasa de  cambio del dólar.


¿Y por qué se llegó a esa locura?


Por las reparaciones de guerra. Al terminar la Primera Guerra Mundial, las potencias vencedoras cargaron a Alemania la culpa del desastre. Lo que suele pasar en las guerras. Pero en este caso, se obligó a Alemania a entregar el país a los extranjeros: la flota mercante, vacas, minas de carbón, y hasta territorios, como Alsacia-Lorena, entre otras.


  Las colonias alemanas en el extranjero pasaron a manos aliadas.Muchas patentes alemanas fueron directamente a empresas norteamericanas. Se le impidió tener fuerza aérea y se limitó su ejército a 80.000 hombres. Los franceses ocuparon la zona minera del Ruhr para asegurarse el cobro de las indemnizaciones de guerra.


A la vista de que Alemania se quedaba sin patrimonio, los mercados internacionales desconfiaron de la moneda alemana e inmediatamente cayó el valor de la misma. Era un país sin credibilidad financiera. ¿Cómo iba Alemania a pagar sus deudas si no tenía ni propiedades? No había riqueza. Todo estaba hipotecado.


El economista británico John Maynard Keynes vislumbró esta humillación y escribió un ensayo titulado “Las consecuencias económicas de la paz”. Allí denunció que las potencias vencedoras estaban abusando de Alemania, y de las potencias centrales. “Si aspiramos deliberadamente al empobrecimiento de la Europa central, la venganza, no dudo en predecirlo, no tardará”, escribió.


A finales de aquel año, llegó a la presidencia del Reichbank un hombre llamado Hjalmar Schacht. Nacido en un pequeño pueblo que hoy está en Dinamarca, estudió economía en Kiel, trabajó en el Dresdner Bank y por fin entró en el Reichbank como directivo.
Hjalmar Schacht, presidente del Reichbank en 1923.

Schacht controló la inflación en pocos meses, y recuperó el prestigio de la economía alemana. ¿Cómo lo hizo? En primer lugar, en noviembre de 1923, le quitó once ceros al tipo de cambio, de modo que un dólar en lugar de valer 420.000 millones de marcos, bajó a 4,2 marcos. Luego, logró pactar con los aliados un plan para devolver la deuda poco a poco. Eran 2.500 millones de marcos, según informaba Die Welt. Al principio se cargaría un interés del 7% anual, y luego del 5%.  Los aliados se fiaron del plan de Schacht y poco a poco, Alemania recuperó su prestigio y el marco recuperó su valor.


La semana pasada, el diario alemán Die Welt publicó que, según los presupuestos de la República Federal Alemana aprobados por el gobierno de Angela Merkel, se procedía a la última cuota de aquellas reparaciones de guerra. Año tras año, desde 1923, los alemanes habían ido pagando pacientemente su deuda. Se interrumpieron los pagos durante los años en que Hitler gobernó Alemania, pero se retomaron después de la Segunda Guerra Mundial. Los pagos del capital se terminaron en 1983, pero quedaban los intereses. El pacto era no abonarlos hasta que el país estuviera unificado, y se acordó que cuando eso sucediera, Alemania tendría 20 años para liquidar los intereses. Se pensaba que nunca llegaría esa unificación, al menos en el siglo XX.


Pero el 3 de octubre de 1990, hace 20 años, el país se unió. Entonces, el cronómetro imparable de los banqueros se puso en marcha de nuevo. Y justo al cumplirse 20 años, esos alemanes comprometidos, saldaron su deuda. No fallaron ni un solo año. Ni un solo día. La última cuota fue de 20 millones de euros.
Era la libra de carne exigida por los aliados, que nunca se la habían perdonado.
Hjalmar Schacht escribiría en sus memorias, tituladas 76 Jahre meines Lebens (76 años de mi vida, sin traducción al español), que la palabra Inflationszeit, la era de l inflación, nunca sería olvidadapor una generación de alemanes. Se equivocó. No ha sido olvidada por tres generaciones. Aquella inolvidable y dolorosa lección es la base del control económico, del control de la inflación, y de la férrea política monetaria alemana: antes sobre el marco, ahora sobre el euro. Sobre la zona euro. Sobre Europa.


Los alemanes no olvidan el peor año económico de su historia. Aquel infame 1923.


El mejor y el peor año de Alemania



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