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La crisis da la puntilla a los planes de pensiones

La crisis da la puntilla a los planes de pensiones


@Eduardo Segovia - 24/12/2008 06:00h

Como siempre, llegados a estas fechas, millones de españoles se preguntan cómo pueden reducir la factura fiscal que pagarán en junio del Año Nuevo a punto de comenzar. Sólo hay dos inversiones que desgravan: los planes de pensiones y la vivienda habitual. En términos estrictamente fiscales, la primera es más interesante después de que la reforma de 2006 redujera la desgravación por vivienda. Pero la aportación a planes de pensiones tiene tres grandes desventajas: la iliquidez del producto (el dinero no se puede tocar hasta la jubilación), que hay que pagar impuestos al rescatarlo y, sobre todo, su desastrosa evolución con una pérdida media del 7,79% en el último año por culpa de la crisis.

Las aportaciones a planes de pensiones reducen la factura fiscal en un porcentaje equivalente al tipo de cada contribuyente en el IRPF (24%, 28%, 37% ó 43%), ya que se trata de una reducción de la base imponible. Es decir, una persona que aporte el máximo legal de 10.000 euros se desgravará entre 2.400 y 4.300 euros, en función del tipo al que tribute. Si el contribuyente tiene más de 50 años, este tope se eleva a 12.500 euros, con lo que la desgravación se situaría entre 3.000 y 5.375 euros.

Por el contrario, quitarse hipoteca permite una reducción máxima de la factura fiscal únicamente de 1.350 euros, ya que sólo desgrava el 15% de las cantidades pagadas y hay un tope de 9.0150 euros. En caso de parejas con tributación individual, pueden llegar a 9.000 euros cada uno, con lo que la desgravación se duplica hasta 2.700 euros. Ahora bien, si la vivienda fue adquirida antes del 20 de enero de 2006 se mantiene el régimen anterior a la 'reforma Zapatero': en los dos primeros años tras la compra de la vivienda, la mitad de la hipoteca desgrava al 25% y la otra mitad al 15%; en los años posteriores al segundo, los porcentajes son del 20% y el 15%, respectivamente.

En todo caso, fiscalmente siempre es más favorable el plan de pensiones, aunque sólo con miras a muy corto plazo. Sin salirnos del terreno fiscal, lo que hacen los planes de pensiones es diferir la tributación, no eliminarla; esto es, no se paga hoy pero se paga mañana. En el momento del rescate -normalmente al llegar la jubilación- hay que tributar de golpe y porrazo el importe íntegro del plan de pensiones, no sólo la plusvalía lograda. Y además se considera rendimiento del trabajo, es decir, no va al 18% de la renta del ahorro sino al tipo general del impuesto.

La cara oscura de los planes

Es importante tener en cuenta que hay que pagar esos impuestos incluso aunque el contribuyente haya sufrido minusvalías en su plan de pensiones. La reforma de 2006 eliminó de la reducción del 40% cuando se rescataba el plan al llegar la jubilación en forma de capital, es decir, de golpe. De esta forma, ahora resulta casi suicida rescatar el plan en un solo año -dispara la base imponible y, en consecuencia, hace saltar de tramo al contribuyente- y hay que hacerlo en forma de renta vitalicia, cuyo importe mensual es muy exiguo salvo que el partícipe haya aportado el máximo legal durante muchos años. Por otro lado, un plan de pensiones en un producto totalmente ilíquido que sólo se puede rescatar antes de la jubilación en casos excepcionales de desempleo de larga duración, enfermedad prolongada o fallecimiento.

Por el contrario, ampliar el pago de hipoteca hasta los 9.015 euros –aparte de que la deducción es para siempre- tiene la gran ventaja de que reduce los intereses que al final paga uno por la compra de su vivienda, lo cual suele ser un ahorro mucho más importante que el meramente fiscal, especialmente en los primeros años tras la adquisición (que es cuando se pagan todos los intereses). Además, hay que tener en cuenta que la rentabilidad de la inmensa mayoría de los planes de pensiones españoles no llega ni de lejos a los intereses que paga una hipoteca media.

Ahí está el verdadero problema de los planes de pensiones en España: al concebirse como un mero instrumento para desgravar a Hacienda, los partícipes no exigen además una buena rentabilidad. En consecuencia, los bancos y gestoras -salvo honrosas excepciones- tienen dejados de la mano de Dios a estos productos, con una gestión realmente nefasta.

La desastrosa gestión en España

Es normal que los planes de renta variable hayan perdido este año de fuerte caída de la bolsa: sufren una pérdida del 39,4% interanual a 30 de noviembre, según datos de Inverco. Lo que no es tan normal es que estos productos pierdan un 8,21% a tres años ni que -esto es realmente llamativo- estén en negativo en el cómputo de los últimos 10 años. Un partícipe que contrató un plan hace una década confiando en eso de que "a largo plazo siempre se gana en bolsa" ha perdido el 2,3%.

Tampoco parece muy normal que los planes de renta fija obtengan rentabilidades muy exiguas -del 1,89% los que invierten en deuda a corto plazo y del 1,10% los de deuda a largo- en un año en el que la deuda pública internacional ha registrado subidas históricas de precio por la huida del dinero hacia activos seguros. Si tomamos la rentabilidad de estos planes a cinco años, obtenemos un 1,36% en ambas categorías; y si ampliamos el período hasta 10 años, tenemos un 1,75% en la renta fija a corto y un 1,63% en la renta fija a largo. Es decir, niveles a años luz de la inflación en el mismo período.

Un experto financiero se queja de que "los planes de renta fija no se limitan a comprar bonos y a cobrar los cupones hasta el vencimiento, sino que se dedican a hacer trading, y bastante mal a la vista de los resultados". Otro especialista señala también que los planes españoles tienen muchas limitaciones a la hora de invertir, que no han sido eliminadas por el nuevo reglamento de estos productos. Por comparación, los planes de pensiones de otros países invierten en 
hedge funds, fondos de capital riesgo, productos inmobiliarios, materias primas y otras inversiones alternativas que les permiten esquivar los ciclos bursátiles.

En todo caso, este desastroso comportamiento y el chollo que suponen los planes de pensiones para los bancos -dinero cautivo durante mucho tiempo generando comisiones de gestión cada año- obligan a las entidades a dar un empujón adicional a los clientes para que los contraten: los regalos, 
que este año se han multiplicado precisamente por la mala evolución de la rentabilidad y por el empeoramiento de la fiscalidad.