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El peligro es el temor a la deflación

@Jesús Sánchez-Quiñones* - 09/12/2008

El pésimo comportamiento bursátil de este año ha descontando una recesión que ya es inevitable. Ahora, la gran amenaza de la economía, y también de las bolsas, se concreta en la temida deflación.

Técnicamente, se entiende por deflación no sólo una caída de los índices de precios sino también un crecimiento del IPC inferior al 1%. La recesión genera presiones deflacionistas en los precios. Al caer la demanda, baja la inflación porque las compañías se ven obligadas a rebajar el precio de sus productos para reducir inventarios. A su vez, los costes laborales sufren menos presiones alcistas al escasear el factor trabajo. Al mismo tiempo las materias primas reducen su precio por la menor demanda.

En un escenario de caída permanente de los precios, el incentivo a invertir y a consumir disminuye. Por un lado, el consumidor sabe que cuanto más espere más barato será el bien o el servicio que adquiera. Por otro lado, las empresas no invertirán sabiendo que el consumo cae y el precio de los productos y servicios también. En un escenario de deflación, el efecto pernicioso sobre el empleo y el crecimiento económico es considerable.

 En los próximos meses la caída de los índices de inflación van a ser contundentes por diversos motivos:

Por la drástica caída del precio de las materias primas, principalmente el petróleo. En los meses de este año en que la inflación de la Unión Europea era del 4%, la mitad se debía exclusivamente a energía y alimentos.

Por el efecto base de comparación. La inflación se calcula comparando el nivel de precios de un mes respecto al mismo mes del año anterior. De tal forma que tras la escalada del petróleo desde los últimos meses del año pasado, la comparativa a efectos de inflación habría sido mucho más benigna a partir de ahora sólo con que se mantuvieran los precios. No sólo no se han mantenido los precios del petróleo sino que la caída desde los máximos de agosto ha sido superior al 70%, teniendo un efecto directo sobre los niveles de inflación.

La propia recesión actuará como factor mitigante de las subidas de precios ante la menor demanda esperada.

Las ínfimas tasas de inflación, incluso negativas en EEUU, que conoceremos en los primeros meses del año que viene no deben llevarnos a considerar directamente que la deflación es inevitable. Entre otras razones:

La volatilidad del precio de las materias primas puede hacer que los indicadores de inflación se sitúen en mínimos. No obstante, la inflación subyacente, la que mide el alza de precios sin alimentación y energía, se reducirá pero no llegará a niveles inferiores al 1%. No parece previsible una caída generalizada de precios de bienes y servicios. Al menos de momento

- Es difícil predecir el nivel de precios de las materias primas en los próximos meses, pero así como parecían un exceso los análisis que situaban al petróleo en 200$ cuando cotizaba a 120$, ahora parece igual de exagerado situar el precio del petróleo de forma permanente en los 25$, aunque no se pueda descartar que en algún momento los alcance de forma coyuntural.

- El efecto base que tan favorablemente está actuando en estos últimos meses de 2008 y lo seguirá haciendo en la primera mitad de 2009, se convertirá en un impulsor de los índices de precios en la última parte del año que viene.

- Las fuertes bajadas de tipos por parte de los bancos centrales y la ingente liquidez inyectada en el sistema financiero en algún momento empezará a fluir a la economía. Entonces, los bancos centrales se verán en la necesidad de volver a subir los tipos de interés y drenar parte de la liquidez inyectada.

Bernanke es uno de los máximos estudiosos de la Gran Depresión. Basta leer sus trabajos académicos y sus discursos desde que es el máximo responsable de la Reserva Federal para saber que inyectará toda la liquidez necesaria para evitar la deflación, aun a costa de crear inflación a medio plazo.

Aunque pocos se acuerden, los actuales temores de deflación en la economía ya surgieron entre los años 2002 y 2004, motivando tipos de interés oficiales en mínimos durante demasiado tiempo. En los próximos meses, las bolsas pueden volver a ser victimas de dichos temores por unos datos de inflación coyunturalmente muy reducidos o incluso negativos. El miedo de la bolsa en los próximos meses no es tanto la deflación en sí, sino el temor a la deflación.

*Jesús Sánchez-Quiñones, director general de Renta 4