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Regla número 1: no compre nada que no entienda

Regla número 1: no compre nada que no entienda

La crisis destapa abusos en la comercialización de productos financieros - Mal aconsejado, el cliente aceptó riesgos incompatibles con su perfil inversor

"Tengan cuidado ahí fuera". El sargento Eterhaus terminaba así la arenga que dirigía a sus policías en la serie Canción triste de Hill Street. Los mercados financieros no son, ni mucho menos, tan peligrosos como las calles neoyorquinas, pero el consejo de Eterhaus quizás tampoco esté de más para los inversores.

La crisis ha destapado situaciones en las que los ahorradores se han visto atrapados en productos que no entendían, que daban por seguros y recuperables en dinero en un plazo breve. El banco se los ofreció, pero que no se ajustaban a lo que buscaban, sino más bien a lo que el banco quería venderles. Un problema de falta de cultura financiera: ni el inversor fue prudente ni el banco transparente. Arañar unas décimas más de rentabilidad ha costado muy caro a algunos.

Ahí están los casos de los productos estructurados atrapados en la quiebra de Lehman Brothers, los fondos de alto riesgo afectados por el timo de Bernard Madoff o la decisión del fondo inmobiliario del Santander de congelar los reembolsos dos años. Estos ejemplos son los más conocidos, pero hay otros como el fiasco de los fondos monetarios dinámicos (fondos de renta fija a muy corto plazo que se consideraban exentos de riesgo pero que tuvieron pérdidas debido a las hipotecas basura) o las minusvalías de las últimas salidas a Bolsa.

El ahorrador debe asumir el riesgo inherente a los productos financieros que adquiere. De hecho, el Fondo de Garantía de Inversiones sólo le protege frente a las posibles insolvencias de las entidades "pero no alcanza a las pérdidas de valor de la propia inversión", como ha recordado la CNMV a los afectados por Lehman y Madoff. Hasta ahí las reglas de juego están claras.

La duda surge con una cuestión menos tangible: ¿funciona correctamente el sistema de comercialización de productos financieros en España? Los expertos creen que fondos, depósitos o acciones no son buenos o malos por sí mismos, sino que falla la forma de comercializarlos al venderse en muchos casos sin diferenciar el perfil de cada cliente. A ello se une que en los últimos años se han diseñado productos cada vez más complejos y que la cultura financiera en España es inferior a la de otros países.

"El problema que tenemos en España es que los productos financieros se venden a través de campañas. La red bancaria funciona por objetivos, y cuando el objetivo es un determinado producto termina colocándose a quien no se debe", según Juan Ignacio Crespo, director de Thomson Reuters. Una opinión similar da Carlos Fernández, Protector del Inversor de la Bolsa de Madrid: "Al cliente le diría que no compre nada que no entienda y a la entidad que sea lo más clara posible al vender el producto".

María Antonia Sánchez y su marido vendieron un piso hace una década. La operación les proporcionó 240.000 euros y desde su banco, el Santander, les aconsejaron que invirtieran las plusvalías en su fondo inmobiliario. "Nos dijeron que era un producto sin riesgo y que invertía de forma conservadora". El consejo no les fue nada mal. Obtuvieron una rentabilidad media anual por encima del 6%. En octubre pasado quisieron retirar el 30% del capital porque este verano se casa su hijo. "La gente de la oficina nos convenció para que esperásemos un poco, que podíamos arañar algo más de rentabilidad. Para nuestra sorpresa, en diciembre se anunció una retasación extraordinaria del fondo, lo que provocó las peticiones de reembolso masivas que nos han dejado sin poder retirar nuestro dinero durante dos años. Ahora es cuando hemos visto toda la letra pequeña: sus altas comisiones y la cláusula que le faculta a congelar el dinero", se lamenta Sánchez.

Los expertos creen que los problemas de los fondos inmobiliarios son un buen ejemplo de las lagunas en la comercialización de los productos financieros. Los folletos que las gestoras han registrado en la CNMV hablan en la mayoría de los casos de que el riesgo es "bajo". Además, en casi ningún caso se establece un mínimo de inversión (como sí ocurre con los hedge funds donde la inversión mínima es de 50.000 euros), es decir, son productos al alcance del pequeño ahorrador. Sin embargo, estos fondos invierten en activos ilíquidos (pisos) que tardan tiempo en venderse, por lo que si hay peticiones masivas de retirada del dinero, las gestoras tienen dificultades para devolver el capital. Por eso la legislación ampara decisiones como la que ha tomado el fondo Banif Inmobiliario de congelar los reembolsos siempre que estos superen el 10% del patrimonio total.

"Debido a estas peculiaridades tiene poca explicación que este fondo haya tenido peticiones de reembolso superiores al 80%. Por su iliquidez, los inmobiliarios son productos de inversión a muy largo plazo. Esto quiere decir que o no se ha explicado bien el producto o no se ha querido entender o se ha vendido a un perfil erróneo de inversores", opina Víctor Alvargonzález, consejero delegado de Profim, firma especializada en el análisis y selección de fondos.

La sucesión de casos que han perjudicado a los inversores se han producido poco después de que la legislación española trasladase a su ordenamiento jurídico la normativa europea sobre instrumentos financieros, conocida como MiFID, cuyo objetivo es precisamente mejorar la protección de los pequeños inversores. Esta normativa, que no se aplica para los productos bancarios (depósitos, préstamos...), delimita qué entidades pueden ofrecer servicios de inversión y asesoramiento y obliga a éstas cumplir protocolos para asegurarse que cada inversor accede a los productos que mejor se adaptan a su perfil.

"Los escándalos de los últimos meses constatan el fracaso de la MiFID. Esta normativa se planteó como una garantía para los inversores, y al final se ha convertido en un instrumento que blinda a las entidades financieras", argumenta Fernando Herrero, secretario general de la Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros (Adicae). "Ante este clima de desconfianza, lo que recomendamos es que no se firme ningún contrato que no se entienda y, si ya se han firmado, que se revisen los contratos", añade.

Bancos y cajas copan el negocio de la comercialización de productos financieros en España. El caso de la inversión colectiva es un buen ejemplo del peso de estas entidades en el negocio. Aunque la competencia de los depósitos y la caída de la Bolsa ha pasado factura a los fondos de inversión y a los planes de pensiones, estos productos siguen siendo una de las vías más utilizadas por las familias para canalizar sus ahorros. Al cierre del ejercicio 2008 suponen el 24,3% del ahorro financiero, según los datos de Inverco. Los fondos cuentan con más de siete millones de partícipes y cinco entidades -BBVA, Santander, La Caixa, Ahorro Corporación y Caja Madrid- suman una cuota de mercado del 58%.

La Fundación de Estudios Financieros (FEF) ha aprovechado la presentación de su informe sobre la inversión colectiva en España para denunciar ineficiencias que deben corregirse. "La adaptación del producto al perfil del inversor es tan importante o más que el producto en sí mismo. La crisis financiera ha dejado claro que la forma de hacer llegar el producto al cliente debe mejorares", según Juan Carlos Ureta presidente de Renta 4 y vicepresidente de la FEF. "Hay que impulsar acciones dirigidas a incrementar la formación de los inversores y de las redes de distribución, fomentando la evaluación del riesgo y la diversificación".

Desde la FEF también piden simplificar la oferta -"no tiene lógica que existan más de 6.000 instituciones de inversión colectiva, casi el 10% del total mundial, cuando el volumen de activos sólo representa sólo el 2%"-, y fomentar una mayor competencia en la comercialización de productos. "El 90% de los fondos se distribuye a través de redes bancarias. Es deseable que, junto a esas redes, se desarrolle la modalidad de distribución a través de entidades especializadas no bancarias, como las empresas de servicios de inversión", indica Ureta.

La crisis ha abierto el debate acerca del papel de los supervisores a la hora de proteger a los pequeños ahorradores. Tanto la CNMV (su presidente, Julio Segura, ha pedido al Gobierno más capacidad sancionadora) como el Banco de España se han centrado en informar a los inversores de sus derechos y en advertir de los riesgos que entrañan ciertos productos. En sus comentarios se deja entrever una crítica a un sistema de comercialización viciado.

La CNMV se muestra muy vigilante con las participaciones preferentes, un producto que se ha puesto muy de moda recientemente entre los bancos y cuyos destinatarios son principalmente pequeños ahorradores. BBVA colocó en diciembre 1.000 millones, Banco Sabadell ha emitido por valor de 500 millones y Banco Santander pretende compensar con este producto a los afectados por Lehman Brothers y Madoff.

El supervisor ha enviado una carta a las patronales de bancos y cajas para pedir la máxima transparencia con este tipo de emisiones. Los propietarios de preferentes tienen asegurada una remuneración predeterminada (fija o variable), pero que está condicionada a la obtención de beneficios por parte de la sociedad que las emite. Además, estas participaciones son de carácter perpetuo, salvo que la entidad acuerde su amortización una vez transcurridos cinco años. La CNMV entiende que estos productos "requieren una especial vigilancia".

"Las participaciones preferentes son una simple obligación de carácter perpetuo y están un escalón por debajo de la deuda senior y subordinada. Es decir, se vende una cosa que tiene preferencia cuando no la tiene. Muchas veces carecen de liquidez o tienen un tipo fijo", advierte el protector del inversor de la Bolsa de Madrid.

Por su parte, el Banco de España se ha mostrado crítico con los depósitos estructurados, cuyo atractivo quedó en entredicho con la bancarrota de Lehman Brothers. "Son productos cuya configuración alcanza un cierto grado de complejidad (...) poco adecuados para ser ofrecidos al público de forma general e indiscriminada, sin el soporte informático necesario, y a través de la red comercial de oficinas", señala el supervisor en uno de sus últimos Informes sobre Reclamaciones. En su crítica, el Banco de España también da una pista a los inversores que se consideren perjudicados: una sentencia dictada por el Juzgado de Palma de Mallorca el 15 de noviembre de 2004, en la que se condenaba a una entidad financiera a indemnizar por daños y perjuicios a un cliente al considerar que le asesoró erróneamente al no haber tenido en cuenta su perfil inversor y al haberle proporcionado información sesgada.

En la Bolsa, los últimos estrenos han sido poco atractivos. Las colocaciones han tenido la mala suerte de coincidir con un mercado bajista. Sin embargo, los expertos también creen que los precios que se fijan en las ofertas públicas de venta (OPV) son muy altos. "Se suele decir que cuando se saca una empresa al parqué el limón ya viene exprimido", reconoce Carlos Fernández. En las últimas 10 OPV se vendieron acciones a 900.000 pequeños ahorradores. Todos pierden dinero.

Conozca qué derechos tiene

- La normativa sobre mercados financieros (MiFID) establece que sólo pueden ofrecer servicios de asesoramiento de inversiones aquellas entidades que tengan la autorización de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

- La MiFID obliga a las entidades a pedir a sus clientes información para conocerles lo mejor posible. Sólo podrán ofrecerle los productos que consideren más adecuados para usted. Para ello les tienen que hacer un test de conveniencia. La normativa también les obliga a facilitarle la mejor información antes, durante y después de realizar la inversión.

- La entidad debe informarle sobre los mecanismos de protección que tenga a su disposición. En todo caso, este servicio

debe formalizarse en un contrato que regule los derechos y obligaciones de ambas partes.

- En caso de que usted no pueda recuperar el efectivo o los instrumentos financieros que hubiera confiado a su entidad financiera por insolvencia de ésta, podrá solicitar la compensación del fondo de garantía al que se encuentre adherida.

- Los fondos de garantía cubren, hasta cierto límite, el dinero y las inversiones que tengan en una de las entidades adheridas a dichos fondos, en el caso de que sea declarada en concurso de acreedores. Existen dos fondos de garantías, el de depósitos, que cubre a las entidades de crédito, y el de inversiones, que cubre a los clientes de empresas de servicios de inversión.

- Si tiene alguna queja por mal funcionamiento, demora o falta de atención, o si se sintiese perjudicado por la actuación de su entidad, puede reclamar. El primer paso es presentar una reclamación ante el servicio de atención al cliente de la entidad. Si no recibe una respuesta en el plazo de dos meses, o si ésta no es convincente, puede presentar una queja

ante la Oficina de Atención al Inversor de la Comisión Nacional del Mercado de Valores.


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La increíble versión moderna del cuento del coco

La increíble versión moderna del cuento del coco

@S. McCoy - 11/03/2009

No cabe la menor duda. El coco ha dejado de ser la amenaza virtual secularmente utilizada por los padres para estimular el buen comportamiento de sus hijos. Está completamente pasado de moda. Tiempos nuevos, tiempos salvajes. Cualquier progenitor que se precie, con un poquito de cultura no ya financiera sino general, debe ahora recurrir a un personaje de caracteres mucho más siniestros, terror que será del imaginario infantil. Un nuevo personaje absolutamente abyecto, ruin, miserable, destructivo que, a la que te descuides, te conducirá de su mano al siniestro abismo de la desesperación. Un ser ignoto para muchos pero que se ha convertido en el actor preferido a la hora de justificar cualquier desgracia que en el mundo crítico (de crisis) haya. Que viene el coco ha muerto. Viva el que viene el hedge fund, versión posmoderna de los ogros oníricos.

Les cuento todo esto a raíz de la sorprendente versión que dio la semana pasada SOS Cuétara a la hora de justificar un colapso de su cotización cercana al 60% en apenas una semana de negociación, de 8 a 3,45 euros. Los malvados fondos alternativos habían sido, sin duda alguna, los culpables de tamaña afrenta, que se habría materializado a través de la venta indiscriminada en la bolsa de títulos de la compañía alimenticia obtenidos previamente en préstamo. Bueno, en este país tan poco proclive a aceptar los propios errores y a echar la culpa al empedrado, a más de un gestor le ha venido esta nueva bicha como anillo al dedo para justificar sus propias incompetencias. Porque eso de los hedges en el caso que nos ocupa no se lo cree nadie. Ni los propios hermanos Salazar Bello. O, al menos, en los términos absolutamente inculpatorios que ellos invocan.

El argumento se cae por su propio peso. Resulta, según se desprende de los datos recogidos por la Bolsa de Madrid, que antes de la caída la compañía capitalizaba 1.100 millones de euros. Pues bien, en su particular Batalla de los Seis Días, ¿saben ustedes cuál fue el efectivo que se intercambió en acciones de SOS Cuétara? Aproximadamente 13,5 millones de euros, es decir un 1,22% de su capital, porcentaje que, sobre la capitalización final antes de la fuerte subida de ayer (¿también los hedge funds?), se incrementa al 2,8%. Algo menos de la mitad de dicho importe se cruzó en la primera sesión del calvario. Cuando un movimiento tan poco significativo, en términos absolutos y relativos, produce un desaguisado de este calibre tengan por seguro que se puede deber a una venta voluntaria en su origen pero también a la convergencia de una serie de factores adicionales que seguro han contribuido a magnificar sus efectos.

El escaso free float de la compañía y el control que, sobre el accionariado, ejercen sus principales socios, limitan las posibilidades de obtener valores a crédito a un coste razonable que permitan obtener rentabilidad de la operación. Y más cuando los propios hermanos Salazar se habían dedicado a comprar acciones en los dos primeros meses del año, dando contrapartida a los vendedores. Supongamos aún así que alguien lo consigue. Sólo procedería a un ataque masivo contra SOS Cuétara si supiera que esto va a desencadenar un fenómeno de mayor calado. De lo contrario, se limitará a vender cuidando el precio con objeto de no perjudicar su cambio medio, atendiendo a razones de tipo fundamental como la elevada valoración o el excesivo endeudamiento (que la venta de las galletas a Nutrexpa ha reducido). ¿Cuál puede ser el particular catalizador para una mayor agresividad vendedora?

Como siempre en cualquier mercado, factores de oferta y de demanda. Respecto a esta última convergerían la situación financiera de los propios accionistas, la imposibilidad de añadir autocartera al haberse copado el límite del 5% sin amortizar, la falta de actividad de los cuidadores del valor y la ausencia de compradores naturales en un mercado bajista a los múltiplos a los que cotiza. Pero no es aquí donde hay que buscar la clave de lo que ha ocurrido sino en el lado del flujo de papel. Se trata de una intuición que en breve, estoy seguro, se convertirá en certeza. En los últimos años muchos inversores han llevado a cabo el peligroso ejercicio de garantizar con importantes paquetes de acciones ilíquidas determinadas operaciones financieras de endeudamiento, transacciones que exigen nuevas aportaciones cuando las garantías pierden un porcentaje de su valor, fijado de antemano. Los llamados margin calls. Cuando tal reposición no se produce, los títulos pasan automáticamente a manos de la entidad bancaria que las vende en el mercado, cubriendo con ello una parte sustancial de lo debido y manteniendo su posición acreedora contra el deudor por el diferencial. Como ya ocurriera en otros casos con Colonial o la propia CLEOP, vinculada a otro de los hermanos Salazar, tiene toda la pinta de que ése es el caso que ahora nos ocupa. El hedge propone y el crédito dispone. Es así.

Una lección más a extraer de la presente crisis en la que estamos viendo cómo, los que no supieron medir sus fuerzas, pierden en dos telediarios patrimonios que tardaron en construirse más de una generación. No es de recibo la excusa de que el dinero prácticamente lo regalaban y que era difícil negarse. A ver, repitan conmigo, n-o, no. No parece tan complicado. Especialmente cuando, como ha quedado probado, la dádiva estaba más que envenenada, hasta el punto de poder llevar al borde de la muerte financiera a los que la aceptaron sin las dosis imprescindibles de precaución. No digo que los Salazar Bello se encuentren en tan delicada situación, ni mucho menos. Incluso puede que ellos mismos sean los perjudicados de unas actuaciones en las que no son ni arte ni parte. Lo que sí afirmo con rotundidad es que ya está bien de usar a los hedges como cajón de sastre de todos los males que afectan a los mercados. El coco, como se ha visto en las acciones bancarias, tiene claramente su parte de culpa. Pero no toda. Y si ahora se ven obligados a cerrar precipitadamente sus posiciones. ¿Quién se acordará de ellos? Seamos coherentes, please, y asumamos cada uno nuestras propias responsabilidades.

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Nuevas bravatas de tres de los Jinetes del Apocalipsis

Nuevas bravatas de tres de los Jinetes del Apocalipsis

@S. McCoy - 10/03/2009

La esperanza es lo último que se pierde, dice el viejo refrán castellano. Todos conocemos su significado. Siempre nos quedará el mañana, viene a decir. Aunque lo que nos depara el ahora no invite a creer en ello. De la esperanza nace la confianza, que es un elemento del presente, mientras que a la esperanza se opone el contraste de la experiencia, que se alimenta de lo ya ocurrido. En el desempeño de la crisis actual, la mirada positiva hacia el futuro se ha visto sucesivamente minada por el curso de los acontecimientos, hasta el punto de que son muchos los que piensan que ya no hay esperanza posible. Con minúscula, no sean malos. No quedan asideros.

Se equivocan. Si el mañana se construye con las acciones del hoy, nunca es tarde para confiar en que, de un modo u otro, saldremos adelante. No se trata de un plural mayestático sino que hace referencia al resultado del esfuerzo de la colectividad basado en el desempeño de cada uno de sus individuos. Lo peor que nos puede ocurrir es justamente aceptar lo contrario. Pero, como hemos comentado en numerosas ocasiones, lo importante es saber de partida las cartas con las que jugamos. Ese doloroso proceso, de reconocimiento tardío de la dimensión y duración del problema (muy ilustrativo el acto de contrición de Donald Luskin en Smart Money o la negación de la predictibilidad del mercado de Teun Draaisma de Morgan Stanley), es el que está padeciendo el mercado en las últimas semanas. Y aunque parezca un final, no deja de ser un buen comienzo. Estén seguros de ello.

Ahora que la conciencia colectiva ha adoptado, por la vía de los hechos, lo que parecía exagerada realidad apocalíptica esbozada por algunos pérfidos autores, bueno será que nos detengamos a ver dónde se encuentran esas lumbreras a día de hoy. El mensaje sigue siendo igual de negativo. Pero eso no nos tiene que desanimar. Al contrario. En la medida en la que conozcamos dónde estamos podemos medir los tiempos y los recursos necesarios para llegar donde queremos estar o, al menos, para no volver a dónde nunca debimos llegar. Les dejo con ellos.

1.     Wolfang Münchauen su post de ayer en el FT, de lectura imprescindible, habla definitivamente de una recesión en forma de L, y señala que estaríamos “en mitad del recorrido vertical de la letra”. La recuperación definitiva tardará, al menos, cinco años en producirse que es el periodo al que él vincula el proceso global de desapalancamiento tanto de consumidores como de entidades financieras. Paradójicamente a su juicio la mayor parte del ajuste lo van a padecer aquellas naciones como China, Japón o Alemania que gozan de unos importantes superávits en la balanza por cuenta corriente que han determinado el perfil de su modelo productivo y que requiere, para su cambio, no ya competitividad sino flexibilidad y movilidad. Para España predice una mejora sustancial de su desequilibrio exterior como consecuencia de una contracción importante de la demanda interna.

2.     Ambrose Evans-Pritchard recuerda en el Telegraph uno de los, a mi juicio, fundamentos de esta crisis, que chocan con la tesis principal de nuestro querido Leopoldo Abadía: la responsabilidad de las autoridades monetarias y políticas en la gestación de esta crisis, de forma tal que “echar la culpa al libre mercado es perder el verdadero foco de atención”. Los bancos hicieron, salvo actuaciones inmorales injustificables, lo que les dejaron hacer. A continuación, pone en evidencia la dimensión de la crisis al recordarnos que procesos que en la Gran Depresión tardaron dos años en materializarse, como la contracción de la producción industrial, ahora los hemos despachado en cinco meses. Y ahora, como entonces, en lo que Münchau en su pieza denomina pecados de omisión, las autoridades han perdido 18 meses en darse cuenta de la profundidad del problema. Alude, por último, como el autor alemán, al mayor riesgo que para Alemania se desprende de la situación actual. Respecto a nuestro país, “la agonía española está bien avanzada” (pedazo de traducción patética que me acabo de marcar) hasta el punto que no le extraña que el presidente recomendara al pueblo el lúdico arte del fornicio.

3.     Nouriel RoubiniEn un pequeño post en Bloomberg se alinea con los defensores del 500 a 500 (posibilidad de que el S&P500 alcance ese nivel a lo largo de la presente crisis), al que atribuye, no obstante, menos probabilidades que al 600 que es su target oficial, un 12% adicional de caída, a la vez que afirma que “aunque se haga todo bien desde el punto de vista de la política monetaria y fiscal”, que no parece ser el caso, “dos años de recesión, 2009 y 2010, no nos los quita nadie”.

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España se abona a la Antología del Disparate

España se abona a la Antología del Disparate

@S. McCoy - 09/03/2009

Una de las perversiones más significativas de los distintos sistemas de gobierno a lo largo de la Historia es la preeminencia que, con el tiempo, ha ido ganando el derecho positivo, creado por los hombres y recogido en normas de mayor o menor categoría que constituyen la parte fundamental del Ordenamiento Jurídico, sobre el derecho natural, entendido en su simplificación más absoluta, que mi amiga Falkenberg me perdone, como los límites mínimos de convivencia cuyo quebranto puede llevar, en distinto grado, al caos social. No se me ocurre una definición mejor. En las estructuras políticas de carácter autoritario, tal supremacía de la ley sobre la razón es casi una obligación derivada del modo en que el poder se ejerce. Pero no por ello deja de ser una anomalía. Por el contrario, es en las sociedades democráticas donde tal preeminencia resulta más chocante y, por ende, más perversa. Es la voluntad del pueblo, a través de sus representantes, la que adopta medidas que hacen condicionan su presente y ensombrecen su futuro. Estamos hablando, se lo pueden imaginar, de la ley del aborto, esa innecesaria cortina de humo que quiere distraer, a favor de quien le interese, el discurso de la crisis hacia otros derroteros.

Consideraciones económicas del Aborto.

Desde el punto de vista económico, contenido fundamental de este Valor Añadido, cabe hacer tres consideraciones fundamentales. La primera y principal hace referencia, una vez más, a la ausencia de realismo de nuestros dirigentes acerca de la situación del país y a su incapacidad para establecer políticas de medio plazo que permitan corregir su incierta deriva actual. Hemos señalado en repetidas ocasiones en este mismo blog la problemática a la que se enfrenta la Seguridad Social debido al progresivo desequilibrio entre contribuciones y prestaciones que emana, entre otros factores, de la evolución de la pirámide poblacional española. Y hemos hablado hasta la saciedad de la necesidad de una política integral de fomento de la natalidad toda vez que el flujo de la inmigración amenazaba con llegar a su fin y significarse por su incorporación a las necesidades y no por ayudar a las disponibilidades como hasta ahora. Desde ese punto de vista, resulta difícil conciliar las medidas fiscales de apoyo a las familias con la nueva normativa que se pretende imponer. Es como el agua y el aceite. Es imprescindible una visión circular del problema. Esto es algo que han entendido todas las naciones de nuestro entorno, incluidos los siempre progresistas y defensores de los derechos de la mujer países nórdicos.

En segundo término, aunque suene a aberración pero en España existe, de facto, un mercado nacional e internacional de recién nacidos o niños poco mayores. Son muchos los padres que, en España, consumen mucho tiempo y dinero en tener los hijos que la naturaleza no les concede por la vía de la adopción. Y estoy convencido que son muchas las mujeres que estarían dispuestas a llevar su embarazo a término si contaran con una ayuda estatal incluso superior al de los partos deseados condicionada a la posibilidad de dar esos bebés en adopción. Alguno podrá argumentar que estamos hablando de madres de alquiler. No han entendido nada. Sólo digo que la cuestión económica a la hora de proseguir o no con un embarazo se puede resolver, si es verdaderamente así, de modo igualmente económico. Se trata de evitar el mal mayor con un mal menor. Claro, pero es que si veo a la criatura me voy a sentir incapaz de separarme de ella. Bien, entonces hagamos dos cosas. Regulemos legalmente los derechos de la madre genética y de la adoptiva, salvaguardando en todo caso el interés del menor, por una parte. Y, por otra, seamos lo suficientemente valientes como para establecer como requisito previo al aborto, el que la madre vea una ecografía de su hijo y oiga el latido de su corazón. Y entonces que tome la decisión.  Estamos en una sociedad en la que lo que no se ve, no existe. Bueno, reparémoslo.

Tercero y último. Resulta chocante que lo que pretenda la futura ley sea legalizar un gigantesco fraude de ley del que se han beneficiado una serie de clínicas que han hecho del riesgo psíquico para la futura madre el cajón de sastre que legitimaba su intervención. Los abortos derivados de violaciones son los menos, la evolución de la medicina ha minimizado sustancialmente los peligros para la parturienta durante el parto y la gestación mientras que el tema de las malformaciones del nasciturus, aún entrando en un tema de mucho mayor calado moral, se encuadra dentro de las prácticas eugenésicas, es decir: aquellas que persiguen perfeccionar la raza humana por la vía del descarte. Sólo en 2007 hubo 112.000 abortos en España contra 491.000 nacimientos. Paradójicamente, más del 95% de los mismos se produjeron en dichos centros privados, lo cual no deja de ser sospechoso, ¿no creen? Se supone que la ausencia de interés pecuniario de las instituciones públicas, hace que el cumplimiento de los requisitos sea obligado. Y, naturalmente, su actividad mucho menor, más allá de la deontología profesional. A 600 euros de media por intervención, estamos hablando de 11.000 millones de las antiguas pesetas de facturación anual. ¿No habría tenido más sentido reforzar el cumplimiento de la norma anterior antes que dar carta de naturaleza al tocomocho que, con vidas humanas, se está ahora produciendo?

La necesidad de recuperar el verdadero sentido de progreso.

Siempre me he negado a aceptar el eufemismo de interrupción voluntaria del embarazo. Interrumpir implica continuidad posterior. Y, en el supuesto que nos ocupa, de lo que hablamos es de terminación, que es algo muy distinto. Es fundamental que las ramas semánticas no nos impidan ver el bosque a la hora de abordar el problema. En cualquier caso, sobre este particular siempre me hago las dos reflexiones siguientes, que me atrevo a compartir con ustedes. Primera, no conozco a nadie que no haya pasado por la fase embrionaria que legitima un aborto. A nadie. El que esté libre de ese pecado, que me tire la primera piedra. La aceptaré con gusto. Segunda, no se sabe ni cuándo ni cómo el ser humano toma conciencia de sí mismo, lo que refrenda el absurdo de la personalidad civil derivada de vivir 24 horas separado del vientre materno. Tengo cuatro hijos y les puedo garantizar que el proceso de formación física y mental de mi prole es igual de acelerada dentro del vientre de su madre en las primeras semanas de gestación que ya fuera de ella como ser independiente. Sólo que llora de modo audible, reclama su comida y hay que cambiarle. Un cambio que se inicia en el momento cero y que proseguirá toda su vida. Hasta la muerte. ¿Dónde cortar?

En cualquier caso, nunca me oirán un juicio moral sobre las mujeres que, pese a todo, toman esa decisión. Como creyente que soy, sé que no me corresponde. Pero ojalá que empecemos a distinguir, de una vez por todas, lo que es progresista, avance y mejora, de lo que no lo es; a valorar lo esencial, la protección de la vida humana, frente a lo accidental; a dar primacía a las bondades de la prevención frente a las dramáticas consecuencias de la reparación; a defender la libertad verdadera (del que sabe dónde va y elige el camino correcto) y denostar la impuesta (por aquellas parejas que inducen a sus compañeras al aborto por el bien de los dos, toma ya); a equiparar la realidad que se ve (el niño abandonado en el contenedor, que no es persona a efectos civiles) con la que se esconde (el orfelinato de 300 nasciturus que cada día muere en España); a no utilizar los límites de edad y las responsabilidades asociadas a los mismos de forma torticera sino coherente. A recuperar, en definitiva, el valor del ser humano desde su concepción hasta su muerte, el inmenso depósito de riqueza que son las relaciones personales y la familia, la luminosa conciencia de que el bienestar social es la suma de la contribución individual de todos y cada uno de nosotros y del modo cómo contemplamos a los demás en su totalidad. Ojalá sea así. Buena semana a todos.

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Santa China del Rescate, ruega por nosotros

Santa China del Rescate, ruega por nosotros

@S. McCoy - 07/03/2009

Una de las características que hace esta crisis diferente de cualquiera que se haya producido con anterioridad, incluida la Gran Depresión, es la importancia tanto cualitativa como cuantitativa de los actores en ella involucrados. Cabría afirmar que se trata de la primera coyuntura de este tipo verdaderamente global, África aparte, toda vez que incluye como novedad a los más de dos mil millones de habitantes de los gigantes India y China. Precisamente por ello, igual que estamos viendo efectos indeseados que son consecuencia inevitable de esta multilateralidad de las relaciones comerciales y financieras, podemos encontrarnos en un momento dado con aristas que ahora se nos escapan y que sean las que rescaten a la humanidad del pozo económico sin fondo en el que ahora parece hallarse. Si se produce, será algo impredecible que provocará que muchos de los que analizamos con mayor o menor acierto la situación actual quedemos fuera de juego y perdamos gran parte de nuestro crédito. Bienvenido sea si es por el bien de todos.

Si tratáramos de hacer un vacuo ejercicio de adivinación, podríamos llegar a una doble e inmediata conclusión. Primero, la solución final que se imponga tardará en ganarse camino, visto el hedor que desprende la podredumbre del sistema actual. La V está descartada y la U, si no llega a convertirse en L (caída sin recuperación, esto es: depresión), tendrá una panza prolongada. Tanto, al menos, cuanto dure el proceso de desapalancamiento de la economía que es condición imprescindible para que las aguas vuelvan a su cauce. Segundo, ese factor sorpresa ha de tener, necesariamente, envergadura y fuerza de arrastre suficientes como para reconducir las debilitadas circunstancias que ahora nos presiden. Como en su día ocurriera con la Segunda Guerra Mundial. Desde ese punto de vista, las alternativas son pocas. De hecho se limitan a dos, siempre que pensemos que se ha de producir el triunfo final de lo evidente, complacencia intelectual que me resisto a compartir: Obama y su Plan y China. Ha sido esta semana cuando la incertidumbre acerca de la eficacia del primero ha provocado que los ojos de la comunidad financiera se hayan posado en la segunda. Únicamente para descubrir que el riesgo de fracaso es el mismo, sólo que con un tinte algo más exótico. El miedo ha vuelto a apoderarse del Planeta.

Santa China del Rescate, ora pro nobis.

¿Cuál es la situación real del gigante asiático? La sombra de duda que siempre ha planeado sobre las estadísticas oficiales hace que el abanico de opiniones esté presidido más por la subjetividad de las interpretaciones que por la certeza objetiva que se deriva de datos ciertos. Para el estratega de Credit Suisse,Andrew Garthwaite, “China está llamada a sacar al mundo de la recesión”. La frase lapidaria es de esta misma semana y la fundamenta en las ventajas de las que, a su juicio, disfruta el país: economía dirigida estatalmente, con capacidad directa de intervención sobre el sistema financiero; banca aparentemente sólida; pluralidad de resortes de actuación (deuda, superávit comercial y reservas equivalentes al 18%, 9% y 45% del PIB respectivamente y déficit fiscal a cierre de 2008 por debajo del 0,5%); menor dependencia exterior de lo estimado por los analistas (50% del PIB con sólo un 17% destinado a Europa y Estados Unidos); posibilidad de rebote económico en el primer trimestre de 2009 tras los desastrosos datos del cierre de 2008, que escondía ausencia total de crecimiento, realidad que estaría anticipando la subida superior al 20% de la bolsa china en lo que va de ejercicio.

Gran parte de las esperanzas sobre China se derivan del Plan de Actuación Pública aprobado el pasado mes de noviembre y que equivale a un 20% de su Producto Interior Bruto. Persigue mantener una tasa de aumento de la riqueza nacional del 8% anual que es el nivel a partir del cual su economía no destruye empleo. Con él sus dirigentes buscan, por encima de todo, la estabilidad social, a través del aumento de la demanda interna en un entorno de menor comercio exterior. Estructurado alrededor de 10 grandes iniciativas, aportaría al PIB nacional entre un 2% y un 3% en el periodo 2009-2010, si nos atenemos a lo afirmado por los analistas de Citigroup que toman como referencia una tercera parte de su importe ya que los dos tercios restantes eran partidas presupuestadas con anticipación. Su efecto vendría reforzado por medidas de política monetaria que habrían provocado que la masa monetaria en circulación (M2) creciera un 18,8% en enero con un aumento similar de la actividad crediticia local. La fiebre del crédito llega al coloso amarillo con unos años de retraso.

¿Será eficaz su propio Plan de Rescate?

Las posibles novedades en la formulación de dicho Plan, especialmente en la cuantía finalmente comprometida, han coincidido con el comienzo de la Asamblea del Partido Comunista Chino y han estado detrás de gran parte de los movimientos bursátiles de esta semana. Al alza ante el rumor, difundido por los estrategas de Standard Chartered con base en filtraciones internas, de que su importe podría doblarse. A la baja con la certeza de que no había modificación alguna de calado en su estructuración. Los inversores no saben ya a qué aferrarse. Pero, ¿cuál será la eficacia de dicho Plan? Gran parte de su éxito depende del nivel de crecimiento real de la economía a día de hoy y de lo que suponga ese 2% ó 3% de mayor actividad sobre el mismo. Una incógnita de partida que deslegitima cualquier discurso posterior. Más allá de ese obstáculo inicial, Michael Pettis, quizá la referencia intelectual en este momento sobre la cuestión, es extraordinariamente pesimista.

Ante la ausencia del sector servicios, gran parte de la inversión pública se está destinando a incentivar el consumo por vía de la creación de empleo manufacturero, señala en este ilustrativo artículo del WSJ el profesor universitario. El resultado es que la oferta crece artificialmente y por encima de la demanda interna, que se ve drenada igualmente por la propensión natural al ahorro de los chinos que, en su gran mayoría, carecen de cobertura sanitaria y de pensiones y han sufrido en sus carnes el desplome de los precios de los bienes tanto reales como financieros. Como consecuencia de ello, la dependencia exterior (de aquellos otros que han de adquirir ese exceso adicional de producción) no sólo no decrece sino que aumenta. De hecho, el superávit por cuenta corriente ha pasado de una media mensual de 17.000 millones de dólares en el primer semestre de 2008, a 39.000 en enero de este año.

Es verdad que gran parte de este incremento se deriva de un abaratamiento sustancial del coste de sus importaciones, debido a la reducción de los precios energéticos, y a una caída en menor grado de las exportaciones. Pero es precisamente la diferencia entre la merma en las ventas al extranjero de China en enero (-17,5%) y la de otras naciones de su entorno como Japón (-45,7%), Corea (-33%) o Taiwan (-44%) lo que lleva al otro gran especialista en la zona, Brad Setserha plantear tres alternativas sobre la mesa: o bien China está ganando cuota de mercado, que podría ser, siga el juego; o bien simplemente manifestará con retraso su debilidad al ser el último eslabón de la cadena productiva nacional, tarjeta amarilla; o, por último, la mengua en los demás se debe a una menor actividad y/o capacidad de compra de este país, tarjeta roja. ¿Con cuál de ella nos quedamos? No dejen de leer este interesante blog local para llegar a su propia conclusión.

El país, en la encrucijada

Me temo, en cualquier caso, que los chinos miran con una mezcla de preocupación y escepticismo el masivo depósito de esperanzas que se está produciendo sobre la evolución de su economía. La ruptura de la relación de intercambio trabajo por dinero que había establecido con el mundo occidental, y en concreto con los Estados Unidos, le ha generado un problema doble de desempleo y titularidad de una parte sustancial de activos financieros en dólares, parte de los cuales de valor incierto. Sabe por tanto que, siendo realista, gran parte de su recuperación está ligada igualmente a lo que suceda en el Reino de Obama. Algunos ya hablan de Chimérica. De ahí que no entienda demasiado bien el entusiasmo inversor ante las novedades que en China se producen y que tienen una duración temporal y una concentración sectorial que poco va a ayudar a la recuperación global, pero bueno.

Entretanto, sus gobernantes tratarán de prepararse para el nuevo horizonte económico que se atisba en la lejanía, lo que implica velar primero por lo suyo, después por lo suyo y finalmente por lo que les pueda corresponder. No lo duden Fortalecimiento del papel del Partido en toda la estructura del Estado; férreo control social con restricción adicional de las libertades e intervención de las comunicaciones; medidas de corte populista para mitigar el malestar de la población (sanidad, condiciones laborales, protección social); mayor intervención pública en la economía y paralización del proceso de transición hacia un modelo capitalista; intervención completa del sistema bancario; mantenimiento de la competitividad externa a través de actuaciones sobre el tipo de cambio, especialmente si el dólar continúa con su apreciación respecto al conjunto de las monedas mundiales; diversificación de las reservas actuales en la medida en que el dólar se aprecia (venta de posiciones actuales) y hay que comprar nuevos activos para sostener artificialmente la divisa;  acopio de recursos naturales en un mundo marcado por la escasez (compra de Rio Tinto por Chinalco o acuerdos de aprovisionamiento con el Africa Subsahariana); o los subsidios estatales a industrias clave serán, entre otras, sus guías de actuación a partir de ahora. A Occidente, rogando pero con la Hoz y el Martillo dando. ¿Qué no? Se admiten apuestas.

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La bomba de las pensiones, a punto de estallar

@S. McCoy - 05/03/2009

Fue uno de los temas estrella durante la caída bursátil que siguió al estallido de la burbuja tecnológica, años2000 a 2003. Copaba las portadas de los periódicos especializados. Se trataba de uno de los principales obstáculos para saber el verdadero valor de las firmas cotizadas y, por ende, para determinar si estaban caras o baratas. Era un problema común tanto a organismos públicos como a empresas no financieras y compañías aseguradoras. La brusca caída en el valor de sus carteras había provocado un importante déficit potencial en los compromisos de pago futuro de estas instituciones, revistieran estos la forma de planes garantizados de pensiones o de cálculos actuariales. Un día sí y otro también nos desayunábamos con una mala nueva sobre esta cuestión. Ya no. Lo que antes era primera plana, hoy pasa prácticamente desapercibido ante la vorágine de malas noticias que llevamos acumulada. Sin embargo, la situación no es muy distinta en la actualidad. Y sus efectos sobre las entidades afectadas tampoco.

 

La pista me la da un diario local estadounidense, el Chicago Business News, del que tomo el titular para este post. De forma muy gráfica explica cómo las compañías de su zona de influencia están viendo comprometidos sus recursos propios debido al rápido deterioro que se está produciendo en los activos que sirven para cubrir sus contingencias de corto y medio plazo por esta materia. Y pone el ejemplo de Boeing: superávit en 2007 de 4.700 millones de dólares; déficit en 2008 de 8.400; necesidad de cuadriplicar sus aportaciones anuales al fondo de pensiones hasta 2011 si la cosa no mejora; capital tiritando en un momento en que los flujos de caja son de todo menos seguros, la voluntad del mercado de acudir en tu ayuda mínima y la disponibilidad de crédito prácticamente nula y, de producirse, sustancialmente más cara por esa menor solvencia; efecto perverso sobre las nuevas inversiones y la capacidad de mantener empleo. Casi nada, monada.

 

No es de extrañar cuando, tal y como recuerda esa misma pieza, el año pasado el valor medio de las carteras de los 100 principales planes de pensiones corporativos en Estados Unidos se redujo un 21% mientras que sus compromisos de pago crecieron un 1,2%. Firmas como Caterpillar o Ford han vivido en sus activos movimientos de similar calado al de Boeing que, en el caso del fabricante de automóviles, puede ser la puntilla final que le lleve a la quiebra. Tal y como recoge esta noticia de Bloomberg, se trata de un mal generalizado. Las 1.500 mayores compañías norteamericanas acumulaban a cierre de 2008 un déficit de 409.000 millones de dólares frente al superávit de 60.000 de un año antes, lo que provocará que este año se produzcan contribuciones por un total de 109.000 millones. No hay que ser muy listo para adivinar que el comportamiento de los mercados financieros en lo que va de 2009 no contribuye de momento, ni mucho menos, a mejorar la situación. Una de las claves, sin duda, del recorte masivo de dividendos que se está viviendo en el mundo empresarial anglosajón y de las dudas sobre la supervivencia de algunos de sus miembros.

 

Las cifras pueden estar, de hecho, distorsionadas a la baja como consecuencia de dos factores, parcialmente explicados en este post del FT Alphaville. Por el lado de las contingencias, por el uso de la rentabilidad de los bonos corporativos AA como tasa de descuento para el cálculo del valor actual de los compromisos futuros, al considerarse que es un reflejo del riesgo medio de una cartera tipo. Si tomamos el ejemplo británico, el retorno agregado ha pasado del 5,75% al 6,7% en 2008, lo que provoca que a mayor denominador, menor resultado del cociente, esto es: teóricamente debo menos dinero hoy, aunque mis desembolsos futuros tengan que ser los mismos. Sin embargo, en un entorno de incertidumbre gran parte de las carteras se posicionan en activos seguros, como la deuda soberana. Si adoptáramos como referencia para la actualización el rendimiento de los bonos a diez años del Reino Unido, que ha ido cayendo a lo largo del ejercicio, el agujero sería sustancialmente superior. Un efecto éste de la apreciación de la renta fija pública a lo largo del año pasado que, sin embargo, sí ha tenido su reflejo positivo por el lado del valor de las carteras, que han recogido unas subidas de precio, mermas en rentabilidad, que de no sostenerse, como parece que no se sostienen, pueden plantear un problema adicional en 2009.

 

En cualquier caso, y con esto acabo, no se trata de un problema que se circunscriba exclusivamente al sector privado de la economía. El agujero entre lo que deben las entidades públicas norteamericanas, incluido el gigante CALPERS, a sus funcionarios y/o empleados por planes de pensiones y lo que tienen supera el billón de dólares, el equivalente a un déficit de financiación del 30% del total. Y el problema es que para corregir dicho desequilibrio han recurrido en ocasiones a los llamados pension bonds que, en el mejor de los casos, pagan intereses sustancialmente superiores a las rentabilidades que se obtienen de sus fondos, agrandando por tanto el agujero, y, en el peor de los supuestos, no dejan de ser parte de un fraude piramidal que permite hacer frente a los pagos inmediatos que se tienen que realizar con las nuevas entradas de dinero de unos inversores que cuentan con la garantía administrativa de reembolso. Eso sí, con todos los actores intervinientes haciendo trampas consentidas en el solitario para maquillar la situación. Hasta que ya no quede cosmética suficiente para ocultar el problema, claro está. El momento se acerca. "Y entonces Herrera, ¿quién salvará la situación?",pregunta Rodríguez-Braun. "Déjeme pensar… ¿Obama con un nuevo rescate?", responde el presentador. "Efectivamente Herrera, efectivamente…" In Obama we trust. Sábado más y mejor.

 

Ya es jueves.

 

Alimento para el alma. Libro 13 de 50 para 2009, La Nieta del Señor Linh de Philippe Claudel, el mismo autor de El Informe de Brodeck. Una fábula contemporánea de 126 páginas que me zampo del tirón. A servidor le recuerda, por la temática (almas gemelas están llamadas a encontrarse), e incluso por el desenlace, a La Elegancia del Erizo de Muriel Barbery, lectura que fuera de 2008. Un cuento que como tal hay que interpretar en sus poco consistentes relaciones y situaciones. Muy recomendable.

 

Alimento para el cuerpo. No conocía Casa Tere en Pozuelo y la experiencia responde a lo que me habían comentado sobre el lugar. Te cuentan lo que tienen, te sirven lo que quieren y te cobran a tanto alzado, muy alzado de hecho, que no está mal, pero hay que ir preparado. Recetas tradicionales de casa de comidas ilustrada con servicio razonable. Una ensaladilla algo excesiva en zanahoria pero tremendamente rica, que repetimos, y jamoncito de entradas y una especie de popietas de lenguado con ensalada de tomate de plato principal realmente rico. A servidor ni le sorprende ni le asusta. Pero volverá con más calma. Visito por primera vez el segundo Miyama de Madrid, abierto en el Paseo de la Castellana, 45. Materia prima excepcional, platos originales y un servicio exasperantemente lento. Menú de menos a más. Rica Sopa Miso de Tolú y Algas, Tartar de Atún demasiado picante, correctos Rollitos de Wagyu con verduras cuya ración es excesivamente escasa para mi gusto. Después un Sashimi variado de notable calidad, donde quizá en algunas piezas el corte estaba poco cuidado y en el que destacan la lubina, la gamba roja, el pez limón, la vieira y el erizo. Excelente el Sushi New Style, donde el pescado suple el papel tradicional del alga y que ofrece una combinación de sabores excelente. Para acabar un Maki de Atún Picante, correcto sin más. Sin vino ni postre, 30 euros por barba que para ser un japonés no está nada mal. Se sitúa en el radar screen.

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Colapso bursátil. España no puede mirar hacia otro lado

Colapso bursátil. España no puede mirar hacia otro lado

@S. McCoy - 03/03/2009

¿Qué es lo que está provocando la caída salvaje de los mercados de acciones en este terrible comienzo de marzo?

Primero, la constatación efectiva por parte de los inversores de la dimensión real de la crisis, que se manifiesta con mayor virulencia en las economías más transparentes y flexibles, como puede ser el caso de Japón y Estados Unidos (miren este impagable post, que certifica lo que señaló Warren Buffett este fin de semana: que la economía del país está “en ruinas”; sí es el mismo Buffett que decía en septiembre buy, buy, buy), y en las más dependientes del flujo de capital extranjero, caso de algunas naciones antes-llamadas-emergentes que ahora dejaran de merecer tal calificación.

Segundo, el temor a que la actuación de los gobiernos haya sido precipitada, improvisada y poco efectiva y a que su munición empiece a escasear cuando es más necesaria que nunca; prueba de ello serían las noticias que sobre Citigroup (conversión de acciones preferentes en ordinarias) o AIG (nueva inyección de liquidez) hemos conocido a lo largo de esta semana, la dimisión del Consejero Delegado de Freddie Mac o las dudas a la eficacia real del Plan de Obama.

Tercero, el miedo a que lo que queda por aflorar en los balances bancarios sea, al menos, similar a lo ya conocido lo que implicaría que nos encontramos a mitad de camino del saneamiento financiero: entidades que negaban la mayor, como HSBC, han tenido que pasar por el aro de la ampliación de capital mientras que periodistas tan poco sospechosas como Gillian Tett de FT advierte sobre lo que está por venir en el campo de los CDOs.

Cuarto, los propios datos empresariales con sus recortes de estimaciones y dividendos, los mayores en la historia moderna de las finanzas. La prensa norteamericana se ha quedado conmocionada por el primer recorte del pago a sus accionistas de General Electric desde 1938. De depresión a ¿depresión? y tiro porque me toca.

Quinto, el efecto apalancamiento con nuevas aperturas de posiciones cortas por determinados operadores del mercado y cierre precipitado, o más bien desesperado, de determinadas apuestas financiadas, como consecuencia del cierre del grifo del crédito. Curioso ver cómo la caída del valor de las carteras, sobre el mismo nivel de financiación, obliga a la liquidación forzada, o la contemporización momentánea, en gigantes como la propia PIMCO. Ya se sabe, consejos vendo y para mí no tengo.

Sexto, el propio pánico de los inversores que dispara la volatilidad incluso en las opciones a más largo plazo, como recogía ayer este interesante artículo de Bloomberg que hace una extrapolación a mi juicio errónea de lo que cabe esperar de los mercados en los dos próximos años a partir del precio de unos productos derivados cuyas fluctuaciones son notables en el tiempo.

Así podríamos seguir hasta que la yema de los dedos se nos quedara en carne viva de tanto teclear. Cada uno de ustedes estoy convencido que podría añadir otras tantas causas a las ya señaladas. En definitiva, esa dosis de realismo que servidor pronosticara para el verano se ha materializado anticipadamente. Lo cual no es necesariamente negativo. Más al contrario. Estamos empezando a dejar de jugar con las cartas marcadas por el exceso de optimismo sobre la resolución de la situación. Buena señal. Pero no es la finalidad última de este post de hoy. Lo importante es saber qué lecciones se pueden aprender de lo que está ocurriendo más allá de nuestras fronteras y no repetir los errores intramuros, que aún hay un hálito de esperanza al que aferrarse.

¿Cuáles son las principales conclusiones que, de todo lo anterior, podemos extraer?

Primera, no estamos mejor que nadie. El ritmo más lento de deterioro de nuestra economía frente al de otras naciones, paro aparte, se debe precisamente a su falta de cintura. Unas rigideces interiores que provocarán una ralentización más pausada que en otras naciones más flexibles y abiertas pero igualmente una más tardía recuperación si las cosas siguen como hasta ahora. Reformar estructuralmente es aprovechar como país la crisis para limpiar nuestras ineficiencias y posicionarnos de cara al despertar futuro, cuando éste se produzca. No hay motivo para la complacencia del tuerto en el reino de los ciegos. Aprovechemos la oportunidad.

Segunda, las prisas son malas consejeras. No se pide al gobierno que haga sino que haga bien. En el enloquecido mundo actual muchas autoridades han desligado su acción de la eficacia que le es exigible y, por tanto, han condenado a sus ciudadanos a una serie de iniciativas sin pies ni cabeza de imposible concreción con el único afán de dar la sensación de que están aun habiendo renunciado a lo que son o deberían ser. Dice Solbes que hemos agotado el saldo. No va más. Bueno, pues hagamos una gestión eficiente de lo que tenemos y enmarquemos todas las actuaciones dentro de una serie de iniciativas generales que cuenten con el mayor consenso posible. No puede ser que un gobierno se dedique sin desmayo a tomar decisiones tácticas sin haber reflexionado sobre su estrategia a seguir. Administrar recursos abundantes es fácil. La escasez agudiza el ingenio. A pensar tocan.

Tercero, la confianza se pierde muy rápidamente pero su recuperación es un proceso mucho más lento que pasa necesariamente por la transparencia, esto es: por un conocimiento exhaustivo de lo que sucede. La banca española carece de titulizaciones en cuantía similar a las que han causado sucesivos quebrantos en la banca internacional. Pero tiene un subprime propio que es el crédito promotor. Los parches terminan reventando cuando la presión aumenta, como hemos visto en Estados Unidos. La solución ha de ser global y el modelo sueco sigue siendo la referencia. No es momento de fusiones parciales consensuadas políticamente sino de un análisis del sistema financiero español en su totalidad, liquidación de las firmas inviables, transferencia de recursos y reforzamiento de las entidades solventes. Desde la perspectiva de la confianza, es un proceso doloroso pero que beneficia a todos.

Cuarto y último, el entramado empresarial español debe hacer valer su fortaleza acumulada a lo largo de los últimos años, su diversificación internacional y su posición privilegiada en determinados mercados y sectores. Servidor cree firmemente en la higiene derivada de cualquier crisis, que provoca la supervivencia de los que tienen mayor capacidad de adaptación que no tienen por qué necesariamente ser los más fuertes. Se trata de un proceso en el que las condiciones que determinan su éxito o su fracaso ya no son nacionales ni regionales, sino globales. Es momento de que esa perspectiva, que está en el carnet de identidad de las principales compañías nacionales, se traslade al conjunto de las sociedades mercantiles de este país. Piensa global, actúa local. Ten en cuenta el mundo en que vives y aprovéchate de él.

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