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Atrapados en la Unión Europea ¿dónde está la salida?



euroLa política me ha interesado desde que era un niño. Y por eso recuerdo el referéndum de entrada de Dinamarca en la Comunidad Económica Europea (CEE) aunque solo tenía nueve años. Las noches electorales siempre han sido emocionantes y me dejaban quedarme despierto hasta algo más tarde que de costumbre en nuestra casa de Loegstrup, a las afueras de la ciudad de Viborg en la zona occidental de Dinamarca. Cuando vivíamos allí, cenábamos a las cinco de la tarde, luego hacía los deberes y me iba a la cama a su debido momento. Era un hogar burgués; mi padre era además conservador aunque votó al Partido Liberal al igual que hicieron muchos otros en el campo. Recuerdo el referéndum del 2 de octubre de 1972 como un elemento positivo. Dinamarca se unía al escenario principal y no cabía duda de que contaba con el apoyo popular. La participación en las elecciones rondó el 90 por ciento y casi dos de cada tres daneses votaron a favor de la entrada de Dinamarca en la CEE.
La confianza en el proyecto europeo fue minándose poco a poco
En nuestra casa, la CEE se veía como algo positivo, al igual que ocurría en la mayoría de los hogares burgueses de Dinamarca. Y mantuve esa mirada favorable y sin condiciones durante muchos años. Incluso en las Juventudes del Partido Conservador apoyábamos la Unión Europea y algunos de nosotros nos poníamos calcetines de la UE azules y amarillos como símbolo de este plan a largo plazo tan tentador. Pero, a pesar de que inicialmente nuestra visión de la UE fue tremendamente positiva, tengo que confesar que con el tiempo todo este respaldo y optimismo fueron desapareciendo. Poco a poco la confianza en el proyecto se fue perdiendo debido a una burocracia central descomunal, a la arrogancia europea y a las faltas de respeto hacia la independencia, historia y cultura de los estados nacionales.
Cuando echo la vista atrás, tengo que admitir que tardé mucho tiempo en asimilar lo que realmente era el proyecto europeo. No obstante, también tengo que decir que otros tardaron mucho más en aceptar la realidad y que es obvio que parte de nuestra clase política todavía no ha llegado a la conclusión. Pero los daneses, los ciudadanos, ya sospechaban algo. A partir de ese momento, ante la adopción de nuevas medidas, las cosas se ponían más cuesta arriba para los partidarios de la UE, aunque no hay razones para creer que no lo hayan intentado una y otra vez.
¿Por qué han salido las cosas tan mal en la UE?
Václav Klaus, el que fuera presidente de la República Checa, ha tratado de dar respuesta a esta pregunta en su libro “La integración europea sin ilusiones”. El presidente Klaus, en la recta final de su etapa presidencial, escribió sobre la evolución de la cooperación en Europa y su posible debacle. En su obra, analiza las diferentes fases de la integración económica y política de Europa, desde el Espacio Económico Europeo (EEE) hasta la Comunidad Europea (CE) y la Unión Europea (UE), y trata el tema sin rodeos llevando a cabo un ataque contundente de nuestra era de "eurocracia" carente de crítica. En la versión danesa del libro, “Europa - Integration uden illusioner”, escribí un epilogo, del que esta publicación es un extracto.
La UE, el problema y no la solución
El tema central que se plantea en el libro es si la UE es en realidad el problema y no la solución a la actual crisis.
Tanto la UE como Dinamarca atraviesan una situación complicada. El euro ha mostrado su verdadera cara y cualquiera con una visión sensata de la realidad contempla la colaboración monetaria como un fracaso histórico que puede traer consecuencias si cabe peores para Europa y para la competitividad del continente frente al resto del planeta. Hay solo una cosa, una única cosa, que puede salvar al euro. Se trata de una propuesta de integración de mucho mayor alcance entre los países de la zona euro; una política económica común, la emisión de deuda conjunta, la voluntad de efectuar enormes transferencias desde los países ricos hacia los países pobres, o, en concreto, desde Alemania hasta el resto de los estados miembros.
He aquí una posible ruta, aunque no es nada halagüeña. Al menos no para los ciudadanos que, en este caso, al igual que en muchos otros, parecen tener intereses diferentes a los de los políticos. Sería necesario renunciar a la independencia nacional hasta unos extremos que no son aceptables para los votantes y, precisamente por ello, solo puede alcanzarse esta situación actuando de una manera nada democrática.
El discurso del primer ministro británico David Cameron el pasado 23 de enero fue capital. Supuso el fortalecimiento del debate crítico que muchos europeos esperaban como agua de mayo. Hasta ese momento, Václav Klaus había sido el único jefe de Estado que había participado en el debate. El hecho de que el primer ministro de uno los países de la UE más importantes diera un paso adelante como eje de aquellos ciudadanos que quieren una UE diferente puede resultar tremendamente importante, aunque las reacciones iniciales de la élite de la UE fueron tan negativas como cabía esperar. La UE no se toma las críticas y los debates a la ligera.
La lección que debemos aprender de Cameron
Pero, ante el posible intento de Reino Unido por negociar un acuerdo menos restrictivo con la UE, la caja de Pandora se abrió de nuevo. El razonamiento y la lógica de Cameron va a contribuir a que esa rígida insistencia de la UE en contar con más poder a pesar de los pobres resultados se ponga en tela de juicio. Cada vez será más complicado tanto para los británicos como para los demás ciudadanos de la UE entender el firme rechazo a los cinco principios de Cameron: competitividad, flexibilidad, más poder para los estados nacionales, la responsabilidad democrática y la justicia. La UE tendrá que pelear contra todas estas peticiones sumamente razonables y el tratar de evitar con todas sus armas referéndums sobre estos temas, solo dará lugar a un mayor interés y crítica, sobre todo debido a que la presión económica se va a acrecentar en la eurozona a medida que un posible referéndum aceche a Reino Unido en 2017.
Es una oportunidad única para que los países que no forman parte de la zona euro creen un foro independiente liderado por Cameron. El primer ministro danés tenía que haberse subido en el primer vuelo rumbo a Londres para tratar este tema. Ni que decir tiene que no fue así, pero la esperanza en una UE mejor se ha fortalecido gracias al nuevo liderazgo de Cameron.
Resulta complicado entender por qué la UE no reconoce que se ha equivocado durante años y años y que son muchos los ciudadanos europeos que sufren por ello. En lugar de promover sin sentido un proyecto fallido, convendría utilizar la crisis para evaluar de nuevo el proyecto, verificar su evolución y escuchar a los europeos. Tanto los daneses como los habitantes de los demás países de la UE desean caminar en otra dirección. Es hora de que los políticos entiendan que están aquí por el bien de sus ciudadanos y no al revés.
Si bien espero no llegar nunca a verlo, sigo atreviéndome a vaticinar la evolución y fortalecimiento de esta Europa si la Comisión Europea, el Parlamento Europeo y los Barroso y Van Rompuy de este mundo se hacen con la clase de poder con la que sueñan y que van camino de conseguir.
Unos impuestos más elevados y una gran pobreza
Los niveles impositivos serán más homogéneos y considerablemente más altos que a fecha de hoy. Veremos impuestos directos de la UE, que irán de cabeza a la Comisión de la UE y al presupuesto de la UE. Aquellos que deseen salir de la UE, se enfrentarán con enormes impuestos de salida, sanciones y otras barreras. Incluso si uno sale de la UE, la UE exigirá derechos fiscales globales.
Veremos unas condiciones de gran pobreza en una serie de “regiones” antes conocidas como España, Italia y Grecia entre otras. Un enorme y creciente poder se concentrará en manos alemanas (y francesas, como reconocimiento al apoyo prestado). Los estados nacionales no tendrán derecho de veto y los países más pequeños tendrán una influencia muy escasa.
El estancamiento de la UE y el éxodo europeo
Toda la UE vivirá un estancamiento económico. El sector financiero tendrá que mudarse a EE.UU., China, Hong Kong y Singapur. A la industria solo le quedará trasladarse a Asia. Los jóvenes, aquellos con más talento y mejor formación saldrán cada vez de nuestras fronteras. No obstante, la UE seguirá siendo líder en actividades simbólicas e irracionales como bajas emisiones de CO2, compañías “verdes” y otras propuestas caras y tendentes a tropiezos económicos.
La libertad de expresión se irá reduciendo progresivamente en lo que se refiere a manifestaciones críticas en torno a otras culturas, religiones y la propia UE. Entretanto, concentrarán una mayor atención aquellas conductas que se salgan de la norma y las actitudes asociales como el escepticismo hacia los proyectos climáticos, los “derechos” sociales, etc. La corrección política habrá alcanzado cotas desconocidas.
En el plano internacional, la EU será un agente débil con escasa credibilidad, poco respetado y se verá paulatinamente abocado a cumplir con las exigencias precisas de los grandes acreedores mundiales, ya que la unión dependerá en gran medida de estos países. En las Naciones Unidas, la UE buscará el apoyo del tercer mundo en un intento por trasladar su propio sistema a una institución global.
¿Podemos dejar que esto pase?
De hecho, considero que los europeos ya han tomado su decisión y que es la decisión correcta. En cualquier caso, confío en que actuarán en consecuencia cuando sea obvio entre qué vías deben elegir. No obstante, no estoy tan seguro de que los políticos europeos vayan a operar de igual modo. Y no confío en que se vayan a tomar la molestia de preguntar a los europeos, si es que pueden evitarlo de algún modo. Por tanto, ha llegado el momento de lograr que sea sencillamente imposible para los políticos no contar con la opinión de los europeos.
Ha llegado el momento de hacer todo lo posible para garantizar que los europeos entienden cuáles son las perspectivas futuras de su elección y para asegurarnos de que los europeos comprenden la importancia de dicha elección; garantizar que los europeos saben que quizá corren el riesgo de no contar nunca jamás con la posibilidad de tomar esta decisión por cuenta propia.
Creo que pueden y tendrán éxito nuestras advertencias a los europeos. Creo que podemos tener éxito, y que lo tendremos, a la hora de dibujar el camino que debe seguir Europa.

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Autor del articulo -Atrapados en la Unión Europea ¿dónde está la salida?Lars Seier Christensen, co-fundador & CEO, Saxo Bank  -  Miércoles, 01 de Mayo
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